Grupo de Jóvenes Misioneros
 

   

A principios de 2016 las Misioneras Oblatas de María Inmaculada crearon un equipo misionero cuyo objetivo era crecer en el conocimiento mutuo y la formación antes de emprender una experiencia misionera en Perú, que tuvo lugar ese año. Cuatro hermanas, un sacerdote diocesano y seis jóvenes se embarcaron en un viaje geográfico de muchos kilómetros, que les condujo al centro de su corazón.

Por Dora Rivas y Ana Fernández

 

“He viajado hasta Perú para encontrar al Señor muy dentro de mí". Esta frase que Silvia Saiz usó para resumir su experiencia misionera en el verano de 2016, recuerda el modo en que el escritor inglés G.K. Chesterton describía su conversión al cristianismo, diciendo que a veces la manera más rápida de volver a casa es dar la vuelta al mundo. El escritor se refería al largo periplo intelectual y vital que hizo buscando la verdad, hasta descubrir que esa verdad era la que le habían contado de niño en el hogar familiar. También esta joven de 20 años descubrió que a veces hace falta salir de uno mismo para llegar al centro del corazón. Silvia estudia Bellas Artes y Psicología en Madrid; para ella, "conocer un mundo tan diferente al que estamos acostumbrados en nuestro día a día ha sido una experiencia increíble". Esta chica confiesa que "cada una de las personas de Morán Lirio, desde su sencillez y su humildad", le han enseñado "el verdadero sentido de la vida". En contraste con el mundo cada vez más superficial en el que vivimos, esa gente le ha confirmado "la importancia de viajar siempre al interior y a la parte más profunda de las personas y las cosas".

Morán Lirio es un pueblecito en la sierra norte de Perú, "aislado" entre montañas, a 3.400 metros de altura, donde el sacerdote llega una vez al año. En verano, las Misioneras Oblatas acercan el Evangelio a esa gente, "compartiendo con ellos su fe en el día a día: mediante la Eucaristía, jugando con los niños, ayudando en las clases del colegio, impartiendo formación en salud e higiene a padres y niños y preparándolos para los sacramentos". Durante un mes aproximadamente, Silvia tuvo la oportunidad de compartir una parte de su vida con este pueblo peruano que, junto a sus compañeros de misión, le han ayudado "a ver a Dios" y a fortalecer su fe.

Sergio y Sara han sido algunos de esos compañeros que recuerda Silvia. Sara tiene 30 años y es trabajadora social y maga. Ella ha comprobado que en la misión todas las capacidades pueden ponerse al servicio de los demás. En su caso, sus juegos de magia le ayudaban a explicar el Evangelio a los niños y adultos. Sergio, que tiene 29 años y es seminarista, sintió que podía aportar mucho "llevando a Cristo" a un pueblo que ve al sacerdote apenas una vez al año. Hoy, Sergio afirma que "ya que uno siempre es cristiano, siempre tiene que ser misionero, llevar a Cristo a todo el mundo que te rodea, pobres, ricos, altos, bajos, listos y tontos... a todos por igual sirviéndote de los dones que Dios te ha dado para ello y agradeciendo siempre el poder sentirte hijo de Dios".

Silvia, Sergio y Sara han vuelto de Perú añadiendo nuevos miembros a su familia. Como dice Sara, "toda la gente de allí, automáticamente, ya son como mi familia". Esta joven estuvo tan a gusto que confiesa: "Me quedé con ganas de quedarme, me faltó muy poco, pero hay que regresar…". Pero ninguno de estos chicos es el mismo después de haber estado en Moran Lirio; tal vez porque, según afirmó Raquel, la responsable del grupo, "participar en la misión no es un simple voluntariado". Silvia descubrió “con alegría que cuando pones al Señor en el centro de tu vida, aprendes a amar mucho más intensamente a todo el que te rodea, y a entender la vida desde una perspectiva mucho más completa, más humana y más real". Ahora, siente ganas de encontrarse con el Señor todos los días y por ello acude a misa, "y cada vez que estoy en una iglesia o una capilla siento que estoy donde verdaderamente quiero estar".

El recuerdo de los misioneros se ha grabado en las almas de estos jóvenes como un modelo a seguir. Sara cree que "los misioneros son personas valientes que están para todos, dando igual el lugar del mundo que sea; su vida está entregada a los demás, ayudando a ser felices a otras personas". Sergio sabe ahora que "un buen misionero es el que se deja hacer". Y Silvia se asombra todavía de que "una persona decida dejar su vida de siempre a un lado para seguir por completo a Jesús y darse a los demás, viajando a un lugar sin saber la fecha de regreso". A Sara le ha conmovido tanto la vida de los misioneros que pide a Dios que la guíe en su camino y en su "verdadera vocación"; solo Dios sabe si también ella está llamada a ser misionera.

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DATOS DE CONTACTO

PEQUIPO MISIONERO DE LAS MISIONERAS DE MARIA INMACULADA
http://www.oblatas.org
oblatasmision@gmail.es


 

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