Grupo de Jóvenes Misioneros
 

   

El contacto que la Delegación Diocesana de Misiones de Cuenca mantiene con su misionero en Perú, Jesús López Hermosilla, ha propiciado organizar un VeranoMisión en el Vicariato Apostólico de Yurimaguas. Allí, en el Hogar María de Nazareth, colabora este misionero laico casado, de la Asociación Seglar Misioneros de Jesús.

 

Por Dora Rivas y Ana Fernández

 

Juan Camilo Valbuena, delegado de Misiones de la Diócesis de Cuenca, considera que es importante "ayudar a los misioneros en su trabajo pastoral, mientras se ofrece a los voluntarios una experiencia misionera". Por eso, junto a Jesús López Hermosilla, facilita a los jóvenes que lo deseen tener una experiencia misionera en Perú. Solo hay una condición: "Ser hombre o mujer de Dios".

En el verano de 2016, dos hermanos: Alberto y María Alcalde, y su amigo Javier Díaz, se embarcaron en esta aventura que les llevó del "país de las oportunidades", como califica Alberto a España, al "país de la felicidad", porque así es como puede definir ahora a Perú. En Yurimaguas, estos tres jóvenes trabajaron codo a codo con los misioneros, y convivieron con los niños y niñas del Hogar de María de Nazareth, casi todos ellos disminuidos físicos.

Los voluntarios ayudaban a los niños discapacitados en sus terapias de rehabilitación, pero sobre todo, como dice Javier, intentaban que los niños "se sintieran queridos". A través de este Hogar, los misioneros han tratado de hacer más feliz la vida de los minusválidos de la selva, que, en el mejor de los casos, "son asumidos con vergüenza", cuando no "ignorados". Sin embargo, Javier afirma que "la fe sencilla y la naturalidad con la que estos niños hablaban de Dios" hacía que allí fuera muy fácil "encontrarse con Él". Alberto aprendió "mucho de cada niño" que cuidaron, "de su alegría, sencillez, esfuerzo y espíritu de superación, a pesar de algunas condiciones realmente duras". Para este joven, la selva se convirtió en "un lugar lleno de ganas de vivir, naturalidad y pureza, donde 4 ó 5 personas van en una moto, si hace falta, para no dejar a nadie tirado; un lugar en el que el tiempo funciona de otra forma, sin agobios y dándole a cada cosa la importancia justa, con niños por todas partes y grandes familias que, aunque no tengan casi para vivir, te ofrecen lo que tienen y te acogen como si fueras otro de ellos". En pocos días, Alberto se sintió "lleno de vida" y tuvo la seguridad de "estar en el lugar adecuado", y saber que lo que allí sucedía era "una obra de Dios".

A veces hay que esperar mucho tiempo hasta que se presenta una oportunidad para "experimentar" la misión. Desde que Javier era niño, los misioneros despertaron su atención y admiración: "Cada vez que llegaba el día de la Infancia Misionera o el DOMUND estaba deseando que nuestro párroco trajera a la catequesis algún misionero para que nos contara sus aventuras y nos enseñaran fotos de aquellos lugares tan diferentes". Él siempre había soñado con poder ir a África o América. Cuando era adolescente, llegó a su parroquia una misionera que les habló de muchos otros misioneros que dedicaban "su vida al servicio de los más pobres y de la Iglesia". Y su inquietud misionera siguió creciendo. A través de Cáritas, tuvo la oportunidad de realizar su primera experiencia misionera en Benín; luego hubo otras oportunidades durante las vacaciones de verano en la República Democrática del Congo, hasta que el verano pasado pudo ir a Yurimaguas. Después de vivir cada una de estas experiencias, Javier siente "gratitud, mucha gratitud, porque se me ha brindado la oportunidad de dar un servicio a Dios y a la Iglesia, y por conocer a los misioneros y misioneras que han elegido esta opción de vida".

La inquietud misionera de María iba tomando forma en su corazón poco a poco, aunque la ocasión de salir a la misión surgió cuando menos lo esperaba. Su madre escuchó el testimonio que el misionero Jesús López dio en su parroquia y le puso en contacto con el grupo de jóvenes. Así, esta joven estudiante de Canto en la Escuela Superior de Madrid, no lo pensó dos veces, y el verano pasado se embarcó rumbo a Yurimaguas. Allí vio "cómo viven la fe en otros lugares a pesar de las dificultades" (en algunos sitios el sacerdote solo puede ir una vez al año). Para María, lo que vivió en Perú, es "lo mejor" que le ha pasado en la vida.

Te invitamos a conocer otros grupos misioneros

 

DATOS DE CONTACTO

DELEGACIÓN DE MISIONES DE CUENCA
Telefono: 969241900
delemisiones@gmail.com

 

Volver a sumario