Inglaterra, Gran Bretaña y Reino Unido, ¿son lo mismo? ¿Son Gales y Escocia "países" como los demás? ¿Forma parte Gibraltar del Reino Unido? ¿Y qué es eso de la Commonwealth? Más de una vez nos hemos planteado preguntas como estas. Hoy las respondemos visitando la patria de Shakespeare. Coged vuestras libras y un paraguas para el mal tiempo, que nuestro avión está a punto de despegar.

Por José Ignacio Rivarés

 

 

 

Supergesto vuela en esta ocasión a Londres, la capital del Reino Unido. El Reino Unido es, en realidad, la denominación abreviada de "Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte", siendo Gran Bretaña, a su vez, la unión política de Inglaterra, Escocia y Gales. De estos tres "países", Inglaterra es el más extenso y poblado: 130.395 kilómetros cuadrados y 53 millones de habitantes. Escocia, por su parte, tiene 78.313 kilómetros cuadrados y 5,3 millones; y Gales, 20.754 y tres millones. Irlanda del Norte, por último, cuenta con 13.843 y únicamente 1,8 millones. Hemos dicho "países", pero no hay que confundir este término con el de "Estado". Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte son territorios –aquí diríamos autonomías, aunque la equivalencia no sería exacta– que tienen cada una sus propios parlamentos, incluso cuentan con selecciones nacionales que participan en competiciones deportivas internacionales, pero no son Estados soberanos. El Estado soberano es el Reino Unido, que como tal forma parte de la ONU, de la OTAN, de la OCDE y de la Unión Europea… aunque ello tiene los días contados tras el Brexit, el referéndum que el pasado 23 de junio decidió, por 17,4 millones a favor y 16,1 millones en contra, la salida de la UE.

Como puede observarse en cualquier mapa, las tres primeras, Inglaterra, Escocia y Gales, comparten isla, mientras que Irlanda del Norte, también llamada Ulster, lo hace con la República de Irlanda o Eire. Irlanda del Norte ha sido escenario durante décadas de sangrientos atentados terroristas a causa de un conflicto político entre su población católica –partidaria de la unión con Irlanda– y la protestante o unionista, defensora de seguir formando parte del Reino Unido, algo que viene ocurriendo desde la colonización británica de esa parte de la isla en el siglo XVII.

En total, por tanto, el Reino Unido tiene 243.305 kilómetros cuadrados y 64,6 millones de habitantes. Sus mayores ciudades son Londres, la capital, con 8,6 millones, Manchester (2,6), Birmingham (1,1), Liverpool (473.000), Southampton (245.000), y Portsmouth (210.000), todas ellas en Inglaterra; en Glasgow y Edimburgo, ambas en Escocia, viven 600.000 y 500.000 personas, respectivamente. Cardiff, la capital de Gales, cuenta con 340.000 almas, y Belfast, la de Irlanda del Norte, con unos 300.000.

Hasta aquí, lo fácil. Además de todos estos "países", hay una serie de islas y territorios que tienen lazos políticos y administrativos muy estrechos con la Corona pero que formalmente no forman parte del Reino Unido. Es el caso, por ejemplo, de la isla de Jersey, en el Canal de la Mancha, de otros catorce territorios de ultramar (entre ellos, las Malvinas, las Islas Caimán o las Islas Vírgenes Británicas), y también… de nuestro Gibraltar.

El Reino Unido es una monarquía parlamentaria a cuya cabeza se halla desde 1952 la reina Isabel II, quien además es jefa de Estado de otros quince países miembros de la Commonwealth. La Commonwealth ("Mancomunidad") es una organización creada en 1931 para vincular a los territorios que un día habían formado parte del Imperio Británico. Se trata de un organismo al que pertenecen en la actualidad 54 Estados independientes que suman, en total, más de 2.000 millones de habitantes.

Desde un punto de vista geográfico, el Reino Unido comprende, por tanto, la isla de Gran Bretaña y el norte –seis de los nueve condados del Ulster– de la isla de Irlanda. En la primera, el relieve es montañoso en el norte y el oeste, mientras que en el sur y el este predominan las tierras llanas. Tanto es así que suele hablarse de Highlands (tierras altas) y Lowlands (tierras bajas), situándose las primeras al norte y oeste de las dos cadenas montañosas más importantes del país: Grampianos y Peninos. En líneas generales, las zonas más montañosas del Reino Unido se corresponden con Escocia y Gales, mientras que las tierras bajas se hallan en Inglaterra. En cualquier caso, Reino Unido no cuenta con grandes alturas. Su cumbre más alta es el monte escocés Ben Nevis, de solo 1.340 metros. Y tampoco hallaremos grandes y caudalosos ríos, pese a que las precipitaciones allí son cuantiosas: el más largo es el Severn (354 kilómetros), seguido del Támesis (346) y el Wye, que en sus 35 kilómetros finales marca la frontera entre Inglaterra y Gales. Lo que sí abundan son los lagos, especialmente en Escocia. Los más importantes son el Lomond y el archiconocido Ness, el de la leyenda del monstruo.

 

Stonehenge

Los primeros testimonios de ocupación de lo que hoy es Reino Unido datan de hace 250.000 años, de la época del Cuaternario. Por entonces, las dos islas estaban unidas al continente europeo, desgajándose del mismo en torno al año 5.000 a.C. De la época prehistórica, el testimonio más espectacular que nos ha llegado es el impresionante y popularísimo conjunto megalítico de Stonehenge, situado en la llanura de Salisbury, cuyos mayores bloques fueron llevados allí desde las montañas Preseli del oeste de Gales, distantes más de 200 kilómetros.

La condición de insularidad, con abruptos litorales en los que abundan los acantilados, siempre constituyó una gran ayuda para defender estas tierras de potenciales invasores. Aún así, Reino Unido siempre fue pieza codiciada a lo largo de la historia. Los primeros en llegar desde el continente (hacia el siglo VII a.C.) fueron los celtas, cuyo sustrato cultural sigue hoy siendo notable en gran parte del territorio y base de las reivindicaciones soberanistas de Escocia y Gales. Los romanos, por su parte, desembarcaron por primera vez, con Julio César a la cabeza, en el año 54 a.C. La romanización tuvo éxito en las zonas bajas del sur, pero los recién llegados encontraron gran hostilidad entre las tribus del norte –pictos, sobre todo–, mucho más primitivas y salvajes. Los últimos legionarios abandonaron definitivamente la isla a mediados del siglo V d. C. Luego llegarían anglos y sajones (desde el centro de Europa), los vikingos (desde Escandinavia, en el siglo IX) y los normandos, desde la actual Francia en el siglo XI. Tras vencer a su rival anglosajón en la batalla de Hasting, el normando Guillermo el Conquistador fue coronado rey de Inglaterra en la londinense abadía de Westminster en 1066. Siglos después, fracasarían en el intento la España de Felipe II con su armada Invencible –"Yo no envié mis naves a luchar contra los elementos", aseguran que dijo el Rey Prudente al saber del desastre–, la Francia de Napoleón –razón por la cual allí no se conduce por la derecha, como en el resto del continente– y la Alemania de Hitler.

El mundo en el que hoy vivimos, a decir verdad, es en gran parte obra de los británicos. El capitalismo como sistema económico nació allí en el siglo XVI. Allí se inventó también la máquina de vapor y el ferrocarril que hicieron posible luego, en el siglo XIX, la revolución industrial. Allí publicó el escocés Charles Darwin La evolución de las especies (1859), obra revolucionaria que permitió una nueva comprensión del mundo. Y allí vinieron al mundo Isaac Newton (1642-1727), el descubridor de la ley de gravitación universal y padre de la física clásica, y ese otro genio de la astrofísica moderna llamado Stephen Hawking, a quien básicamente debemos nuestra concepción actual del universo gracias a su aportaciones sobre el "big bang" y los agujeros negros. Desde un punto de vista más frívolo, en el Reino Unido surgió también, a mediados del siglo XIX, el fútbol, un deporte que hoy es "idioma" común de cientos de millones de personas en todo el mundo. E igualmente, en los años sesenta del pasado siglo, la música pop, otro elemento distintivo de los tiempos actuales. Dos grupos míticos, los Beatles y los Rolling Stones, iniciaron por entonces un camino triunfante que ha colocado a este país en la cima de la creación musical del último siglo.

 

Crisol de razas y religiones

En la actualidad, Reino Unido es un impresionante crisol de razas, religiones y culturas, consecuencia natural de la desmembración del Imperio Británico en el último siglo. Así, encontramos importantes minorías de ciudadanos originarios de la India, Pakistán, Bangladesh, Hong Kong, y muchos otros países de la Commonwealth. En el terreno religioso, la diversidad es también la nota dominante, con anglicanos, católicos, musulmanes, hinduistas, budistas, judíos, agnósticos y ateos.

La Iglesia anglicana –creada por Enrique VIII en el siglo XVI tras ser excomulgado por el Papa a raíz de su divorcio de Catalina de Aragón y posterior matrimonio con Ana Bolena– es la religión oficial de Inglaterra. No así en Gales ni en Escocia. A la cabeza de la misma está la Reina, que es en última instancia la que sanciona los nombramientos de sus obispos. Veintiséis de esos obispos forman parte de la Cámara de los Lores, la Cámara Alta del Parlamento Británico, una especie de "consejo de sabios" del Reino constituido en total por 733 personas que a diferencia de la otra Cámara –la de los Comunes– son directamente designados por la Reina, no por los electores en las urnas. La Iglesia anglicana aprobó en 1993 la ordenación sacerdotal de las mujeres, y en 2015 dio luz verde también a la consagración episcopal femenina, siendo la reverenda Libby Lane la primera mujer en llegar a "obispa". Desde hace unas décadas, en cualquier caso, atraviesa una grave crisis que le ha llevado a pasar de 16,5 millones de fieles en 1983, a unos 8,6 millones en la actualidad. "La Iglesia de Inglaterra se encuentra a una sola generación de su extinción", llegó a avisar hace unos años George Carey, arzobispo de Westminster entre 1991 y 2002.

Los católicos, por su parte, representan aproximadamente el 8% de la población, porcentaje que más o menos ha permanecido estable en los últimos treinta años. El cristianismo llegó pronto al Reino Unido. Se cree que hacia el 180 ya existía la diócesis de Londres, y está constatada también la presencia de obispos británicos en el concilio de Arlés (314).

 

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