Grupo de Jóvenes Misioneros
 

   

El trabajo de los Salesianos por la educación de niños y jóvenes no tiene fronteras. A través de su ONGD Jóvenes y Desarrollo, la congregación fundada por san Juan Bosco facilita cada año que los jóvenes puedan realizar experiencias misioneras de corta duración (durante el verano) o de larga estancia (un año completo), centradas sobre todo en el ámbito educativo.

 

Por Dora Rivas y Ana Fernández

 

Sara, Celia, Martín y Gema son jóvenes que han vivido un #Veranomisión junto a los salesianos en Bolivia, Cuba, Etiopía y Guatemala. De la mano de Jóvenes y Desarrollo han descubierto la importancia de la educación, también fuera de nuestras fronteras. Sus historias son distintas, pero tienen el mismo deseo de dejarse la piel para hacer de este mundo un lugar un poco mejor del que encontraron.

Para Sara "la gente implicada es la que marca la diferencia", y tiene un lema: "Hagas lo que hagas... implícate (Hazlo con el corazón)". Esta joven sentía la inquietud misionera, pero confiesa que "las piezas del puzle" solo comenzaron a encajar cuando empezó a trabajar en la Fundación Juan Soñador. Allí entró en contacto con el mundo salesiano e inició también su voluntariado con los jóvenes, primero en España, y el verano pasado, en Bolivia. Durante su estancia en ese país, trabajó en la casa de acogida "Mano Amiga", abierta las 24 horas del día para recibir a niños y niñas de la calle que encuentran allí "un hogar" y una "escuela".

Cuando Celia asistía al colegio como alumna (hoy es una joven profesora), las hermanas les hablaban de las Misiones, de cómo "ayudaban a los más desfavorecidos y les acercaban a Dios". A medida que fue creciendo iba dándose cuenta de "la importancia de la labor que los misioneros y misioneras realizan en numerosos países". Hace un par de años coincidió con un sacerdote salesiano que es misionero en Angola y, al hablarle de sus inquietudes, le dijo que contactara con Jóvenes y Desarrollo. En el verano de 2016 pudo ir a Cuba para colaborar con los misioneros. Ayudó y participó en un campamento al que asistieron 250 niños que eran atendidos por jóvenes animadores de la propia parroquia. Un campamento en el que los chicos dedicaban también algún tiempo a la reflexión y a la oración. Celia lo recuerda como "una experiencia maravillosa" que le acercó más a Dios, y reforzó su fe y confianza en la Iglesia al ver la "encomiable labor social que realiza con los más desfavorecidos".

Martín es un ingeniero de 25 años que llevaba más de 10 ligado a un centro de los salesianos realizando un voluntariado con jóvenes, hasta que vio que la realidad local se le "empezaba a quedar pequeña" y que el gusanillo del voluntariado internacional misionero comenzaba a adquirir fuerza. De ahí a irse a Shire, en el norte de Etiopía, solo medió la preparación que le ofreció Jóvenes y Desarrollo. Allí le explicaron en qué consiste "ser voluntario", y le ayudaron a afianzar los valores humanos y cristianos que le prepararían "de manera práctica para convivir con la comunidad religiosa salesiana en destino". Su misión fue principalmente educativa, pero al salir fuera de "su zona de confort" descubrió que además de ayudar a los jóvenes etíopes, percibía también "una visión más nítida y justa" del mundo. Como dice Martín, "aprendes a valorar muchas de las cosas que consideras como normales en tu vida del mal llamado "primer mundo", y te das cuenta de que la realidad es muy diferente a como te la cuentan desde cualquier medio de comunicación social".

Gema vive en Aranjuez y trabaja en el colegio Salesianos Loyola. Al empezar a trabajar en este colegio, y a través de algunos compañeros que habían estado en Guatemala, conoció el voluntariado internacional misionero. Por fin, este verano estuvo en Petén (Guatemala). Allí, se dio cuenta de "que la vida es un camino difícil pero que aportando un poquito cada uno de nosotros podemos hacer más bonito ese camino; que el amor y una sonrisa valen mucho más que el dinero, y que quiero compartir con las personas más necesitadas parte del tiempo de mi vida".

Para Sara, Celia, Martín y Gema, estas experiencias de verano han significado un punto de inflexión en sus vidas. Además, el contacto con los misioneros, "posiblemente las personas más generosas que hay", como dice Sara, les ha fortalecido en la fe. Celia no se ve todavía preparada para dar un paso definitivo a la Misión, pero reconoce que "aquellos que lo dan son muy valientes y afortunados por haber recibido la llamada de Dios para realizar una labor tan bonita y gratificante". De lo que los jóvenes voluntarios no tienen ya ninguna duda es de que, gracias al compromiso de los misioneros, se están desarrollando cientos de proyectos en todos los lugares del planeta, "que permiten que voluntarios de diversas ONGs podamos colaborar con ellos tratando de aportar un poquito de nosotros".

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DATOS DE CONTACTO

JÓVENES Y DESARROLO
www.jovenesydesarrollo.org

 

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