Para la Jornada de Infancia Misionera hemos pensado en el lema: “Abre tus ojos a la Misión”. En el abrir los ojos se muestra el interés por apoyar a los niños, desde pequeños, a ser observadores activos, saliendo de su propio mundo egoísta para ayudar a los demás. La misión no es otra sino la disponibilidad de aportar lo mejor que Dios ha hecho en nosotros y gozar con lo que ha hecho en los demás.
Si esto se pone en común y apreciamos a todos siguiendo la “regla de oro” del Evangelio: “Haz a los demás lo que quieres te hagan a ti”, hemos logrado el objetivo más humano que pueda existir. Quien abre los ojos ve lo que sucede a su alrededor; quien los cierra, se excluye y se confina en sí mismo y esto es lo más destructor para la persona puesto que le impide progresar y madurar.
La “Misión” es de suma importancia en la realidad social donde vivimos. Los niños son muy sensibles y muy receptivos; aquello que ven en los jóvenes y en los mayores ellos lo imitan y lo asumen con dócil disponibilidad. La “Misión” es necesaria para curar las heridas que producen ciertas modas y estilos de vivir.
Ante los voraces medios de comunicación, se ha de reaccionar con propuestas más esperanzadas y sanas desde el punto de vista ético y moral. Ante las propuestas de un materialismo sin freno, hemos de educar a todos, y en especial a los niños, en que la vida tiene otra dimensión, fascinante e impresionante, que es el “camino espiritual” que lleva al encuentro con el mismo Dios. Ante las insinuaciones permanentes de “utilizar el cuerpo” como si de un juguete de placer se tratara, la misión evangelizadora ayuda a descubrir la belleza del mismo y el trato delicado y exquisito que ha de tener como “templo de Dios”, porque nada hay más sagrado a los ojos de Dios que el ser humano. Ante las constantes llamadas a vivir la fe sin compromiso, se ha de educar en una mayor participación gozosa en los sacramentos que la Iglesia tiene como depósito del amor presente y operante de Dios. Y ante las necesidades globales y urgentes que la sociedad posee, se ha de sensibilizar a los niños para que miren, para que “abran los ojos” y contemplen a sus coetáneos que padecen por la pobreza que va en aumento y a pasos de gigante.
Apuesto por los niños y querría decir a todos que Jesús ha de ser el “mejor amigo” y que en este año, dedicado por el Papa Juan Pablo II a la Eucaristía, nos acerquemos con reverencia y adoración para pedirle por la paz, la justicia y la fraterna solidaridad. Invito a todos los niños para que no dejen ningún día de pasar por la Parroquia de su ciudad, pueblo o capilla de su colegio y tener una rato de adoración a Cristo en el Sagrario, y que los domingos se conviertan en la fiesta de los “amigos de Jesús” participando en la Misa.
Si queremos una sociedad mejor hemos de ser más humildes. ¡Ojalá que esta Jornada de la Infancia Misionera nos ayude a abrir más los ojos y así vivir, con mayor intensidad, el mandato de Jesús: “amaos como yo os he amado”! Necesitamos una curación interior y la única medicina es el Evangelio.
Revista Misioneros Tercer Milenio, diciembre de 2004
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