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La Asamblea de Obras Misionales Pontificias, celebrada en Roma, ha sido un momento para discernir la labor que se está realizando a escala mundial con respecto a la conciencia y ejecución misionera en el ámbito eclesial. Los cristianos hemos de mirar con esperanza las realidades que se dan en la sociedad, sabiendo que los destinos del mundo van marcados por las promesas de Jesucristo cuando decía a los suyos que no temieran y anunciaran su Reino de Justicia, Paz y Amor. El cardenal Crescenzio Sepe ha abierto el Congreso indicando las claves fundamentales de la misión que se resumen en tres: creer en la fuerza del envío por parte de Jesucristo, el único Salvador; vivir la comunión en la Iglesia “siendo samaritanos”; y que sea el amor cristiano quien esencialice toda la labor misionera.
Todos los años los directores nacionales de Obras Misionales Pontificias, en el tiempo de primavera, nos reunimos en La Ciudad Eterna para profundizar en temas y asuntos misioneros y, posteriormente, distribuir todo el fondo económico que se ha recogido en todo el mundo de las colectas respectivas que se han desarrollado en los distintos países durante un año. Se concreta, de este modo, la misma experiencia que se realizaba en las primitivas comunidades cristianas, cuando todo lo ponían en común y después, según las necesidades de cada uno, todos participaban del don de la fraternidad solidaria. El clima que se recrea, por tanto, es de una calidad excepcional y de una generosa caridad entre todos.
La colaboración económica de España ha sido muy generosa en el ejercicio 2004-2005 y todo se ha debido a las grandes sumas de herencias que se han recibido como a la conciencia solidaria de los españoles con sus misioneros. No olvidemos que tenemos más de 20.000 misioneros que están esparcidos por varias partes de los cinco continentes y, de modo especial, en América, en África y en Asia. Cada día se está notando una mayor conciencia misionera y los jóvenes se sienten atraídos en este campo de la entrega, por amor a Jesucristo, en el ámbito de la misión. Es la “hora de la misión” y, por lo tanto, no se ha de temer presentar a todos que nuestra vida tiene sentido si vivimos al estilo que Cristo nos ha mandado: “amándonos los unos a los otros”. La sociedad necesita mensajeros del “evangelio del amor” como nos ha indicado el Papa Benedicto XVI en su primera Encíclica.
El Papa Benedicto XVI nos ha exhortado y animado, en la visita que le hicimos el día 8 de mayo en el Vaticano, a ser portadores del tesoro del Evangelio a todo ser humano y a ser expresión viva del amor de Jesucristo a todos y sólo con la única pretensión de llevar el calor del amor de Dios a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo puesto que “toda actividad misionera tiene como referencia a Dios, que es Amor y es en el corazón traspasado de Cristo en el que tal amor se expresa en el más alto grado”. No hay duda de que la sociedad contemporánea necesita una revolución especial donde la voz de Cristo, con su Amor, que salva, sea lo que favorezca al desarrollo integral de la persona humana. La salvación en Cristo sólo tiene un nombre: la libertad. Y ella llevará a ser portadores a todo el género humano de la gracia y de la felicidad que nace de Dios y a Dios retorna.
Revista Misioneros Tercer Milenio, mayo de 2006
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