Una Iglesia implicada


Mons. Francisco Pérez González
Director Nacional de OMP - España

 

 

Recuerdo que un día, en una tertulia con jóvenes, hubo uno que me preguntó: “Soy un joven universitario y veo que la Iglesia está como alejada de lo que nosotros, los jóvenes, pensamos. La veo como poco metida en las realidades humanas. Parece que se escapa en el momento en que le toca involucrarse. Dígame algo que me ayude a comprenderla mejor”. Y le dije: “Quiero serte sincero y deseo responder a los interrogantes que te haces. Lo primero de todo, manifestarte que la Iglesia es una familia de creyentes en Jesucristo, que ha sido fundada por Él mismo. «No soy yo, es Cristo quien vive en mí», decía san Pablo. Y Él ha querido que la única ley que debe hacerse viva entre sus discípulos es la de la caridad. Les dice: «Amaos como yo os he amado». Y en ese amor se distinguirá a un verdadero discípulo de Jesucristo de quien no lo es.

Si bien Jesucristo ha confiado la Iglesia a seres humanos, frágiles y pecadores, esta no es una institución o empresa humana. No la funda ninguna persona. Cuando Jesús llama a sus apóstoles, sabe que confía la Iglesia a personas limitadas y débiles. La santidad de la Iglesia es verdadera porque la garantiza Jesucristo, el único Santo y Perfecto.

Me dices que la Iglesia no se implica. Y yo te digo que lo hace, y mucho: basta que pienses en los misioneros que están trabajando en el Tercer Mundo; en los centros de marginados que están atendidos por religiosos; en muchos voluntarios que atienden a enfermos y a personas necesitadas, sin olvidar, entre otras, las campañas de Cáritas, Manos Unidas u Obras Misionales Pontificias, por poner algunos ejemplos. Hay muchos cristianos que se implican en favor de los pobres, de la sociedad, pero sucede  que generalmente no se les ve tanto como a otros que están más en candelero.

Y ahora quiero darte un consejo: tal vez estás metido en algún grupo de compromiso en favor de los demás; sigue adelante, pero, si no es el caso, te invito a que te lances a trabajar por los necesitados. Constatarás enseguida que es más gozoso dar que recibir. Y, si eres católico, no olvides el compromiso de rezar, de participar en los sacramentos y de ser testigo de lo que vives. Todo esto te llevará a ver las cosas de otra forma.

También me hablas de que la Iglesia está alejada de tu forma de pensar y vivir. Pero yo te pregunto si no será al revés, que eres tú el que está alejado de la forma de pensar y vivir del Evangelio, y este te señala una forma de vida que no concuerda con la mentalidad de una sociedad que valora otras cosas o se involucra en aparentes valores, muy distintos a los de Jesucristo y su Iglesia. Si te fijas bien y observas, verás que los que más critican a la Iglesia son los que no participan para nada de su vivencia, y algunos osan decir: “Soy católico, pero no practicante”. Toda una contradicción, puesto que nadie puede dar lo que no tiene.

Busca, desde la humildad, amar a Cristo y su Iglesia, y encontrarás la respuesta. Dentro de poco entraremos en la Cuaresma, y hay una frase que siempre me impresiona: «Conviértete y cree en el Evangelio». El camino de los cristianos es un recorrido de conversión permanente. Y nunca uno debe considerarse superior a los demás. Solo desde la humildad se entiende el Evangelio y se comprende a la Iglesia”.


Revista Misioneros Tercer Milenio, febrero de 2011