Con su permiso...

 

D. Anastasio Gil García
Director Nacional de OMP - España

 

 

Durante diez años, Mons. Francisco Pérez González usaba esta “Tribuna” para tener cada mes una cita con los lectores de Misioneros Tercer Milenio. En el número anterior se despidió con la cercanía y sencillez que le caracterizan, dando las gracias y animando a la cooperación misionera. Así lo hacía siempre. Sus palabras y sus gestos son una sutil invitación al seguimiento de Cristo, según la vocación de cada uno. Le echaremos de menos en esta “Tribuna” reservada al director nacional de las OMP.

A partir de ahora, me han pedido que tome el relevo. Lo acepto con temor y temblor, pero con la certeza de que los lectores, si alguno tiene la delicadeza de leer esta página, recibirán la luz y la gracia del Espíritu para entender aquello que yo, torpemente, no haya sido capaz de expresar. Anticipadamente les doy las gracias por su atención. Gratitud que se hace extensiva a Alfonso Blas, director de la revista, por su “audacia” de entregarme cada mes una página en blanco para que yo la emborrone con trazos temblorosos e inciertos. Pero Dios sigue escribiendo derecho, aunque sea con reglones torcidos.

Como quiera que tendremos una cita mensual, más vale que me presente. Desde hace varios años estoy trabajando en los asuntos de la animación y cooperación misionera de la Iglesia en España. Primero fue en el Secretariado de la Comisión Episcopal de Misiones, ahora en la Dirección Nacional de Obras Misionales Pontificias. Este es el final, pero le han precedido 30 años de sacerdocio dedicados a la enseñanza y catequesis con gente joven. Si este trabajo pastoral era un “sin vivir en mí” por la novedad con que cada día niños y jóvenes me sorprendían, la animación y formación misionera de las comunidades cristianas es más que una sorpresa diaria, es una permanente provocación. Conocer y tomar el pulso a la frenética actividad pastoral y social de los misioneros y misioneras es una interpelación permanente. Estar en este campo de la Iglesia implica comprometerse con la novedad de la noticia y la demanda en la respuesta. Qué lejos queda en este ámbito pastoral el sueño plácido de quien se limitar a servir y a acoger a quienes llaman a la puerta, pidiendo una atención pastoral o humana. Aquí la cosa cambia, porque la animación misionera es “salir” al encuentro de quien no sabe el camino o no tiene posibilidad de recorrerlo; es vivir cada día la paciencia de Dios, que sabe esperar la respuesta libre del hombre; es tener la certeza de que Dios no pide una “cuenta de resultados”; es darse al otro, sin esperar nada a cambio y sin entregar más que la pobreza de la viuda del Evangelio; es contemplar los ojos del otro para descubrir en ellos el rostro de Dios; es llamar a la puerta de los demás para solicitar una limosna, porque hay otros hermanos que no tienen lo necesario para vivir; es experimentar la apasionante aventura de recorrer el mundo por las redes sociales...

Desde esta atalaya privilegiada, donde se contempla la identidad más genuina de la Iglesia, intentaré narrar, al estilo propio del evangelio de la vida, aquello que sucede en la vida de los misioneros, los de allá y los de acá. Intentaré hacer, ¡aunque no sea más que un balbuceo!, lo que hacían los primeros o lo que hemos oído a nuestros mayores: narrar lo que vemos, oímos y palpamos. Nos seguiremos encontrando.


Revista Misioneros Tercer Milenio, junio de 2011