Testigos del amor de Dios

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La Congregación nace de una intervención de Dios en la historia de un hombre y una mujer: José María Coudrin y Enriqueta Aymer. Es el final del siglo XVIII y comienzos del XIX, en plena explosión de la Revolución Francesa. José María es un joven sacerdote, perseguido por no querer jurar la Constitución Civil del Clero, que tiene que huir constantemente de un lugar para otro. Pero infatigable en su apostolado, por difícil y expuesto que le resulte. Enriqueta Aymer pertenecía  a la nobleza, razón por la cual estaba en prisión con su madre. Allí es donde conoció a José María Coudrin, y donde comenzó su conversión. Entre los dos, concibieron la nueva Congregación.

Con la gran discreción que imponían las circunstancias, José María y Enriqueta pasaron a ser considerados como el “Buen Padre” y la “Buena Madre”, para un grupo de hombres y mujeres que se sentían atraídos a compartir su vida y misión. Las autoridades diocesanas dieron su autorización a la nueva fundación en junio de 1800. Y en la noche de Navidad de ese mismo año, consagraron sus vidas a los Sagrados Corazones mediante los votos religiosos. Poco después hicieron lo mismo los primeros discípulos. Las circunstancias históricas, un agudo sentido de la misión y una generosa disponibilidad para dar respuesta a las necesidades de la Iglesia, llevaron a la Comunidad a extenderse muy pronto por otras ciudades de Francia, y poco más tarde a traspasar sus fronteras.

Su Carisma

Quizás el mejor acercamiento a la espiritualidad de una Congregación se hace profundizando en la imagen que tiene de Dios y de la experiencia de Dios que tuvieron sus fundadores. ¿Qué rasgos de Dios acentuaron ellos? ¿A qué pasaje bíblico fueron más sensibles? Responder a estas preguntas nos ayudaría a conocer el núcleo de su espiritualidad, que brota de la imagen del corazón de Jesús.

Jesús se convierte, para los miembros de la Congregación, en modelo inagotable de vida. Su vida histórica, su humanidad es su regla. Por eso los fundadores hablan de “imitar las cuatro edades de nuestro Señor Jesucristo” (nacimiento, vida oculta, vida pública y vida crucificada), como primer fin de la Congregación. O con palabras del fundador: “En Jesús lo encontramos todo: su nacimiento, su vida y su muerte; he ahí nuestra regla”.

En Jesús se encarna el amor misericordioso de Dios; y cada religioso(a) debe ser testigo de ese amor. Es lo que hoy expresa, diciendo que “hemos sido llamados a contemplar, vivir y anunciar al mundo el Amor de Dios encarnado en Jesús”. 

Pasión por los hombres

Esta percepción del amor de Dios en Cristo está en estrecha relación con la devoción a los Sagrados Corazones. Devoción que significa “entrega”, “consagración”, “darse enteramente”.  Esta entrega y consagración se traduce, también, en una pasión por los hombres.

La intuición de fundar nace del contacto con el dolor de los hombres. Desde el principio, la institución es concebida como una Congregación de vida apostólica. Los fundadores querían un grupo de seguidores de Jesús que se dejasen afectar por los problemas de los hombres, sus hermanos; que sintiesen en su corazón las injusticias, el dolor y el sufrimiento de nuestro mundo. Y que, desde el amor de Dios, se entregasen a restaurar y reparar el daño cometido a Dios, en sus hijos los hombres.  De ahí nace el sentido de Adoración y Reparación, propio de la Congregación y que forma parte de su carisma fundacional.

Un dato muy significativo es la unidad de las dos ramas, masculina y femenina, aprobada como una sola Congregación. Desde sus comienzos la Congregación tuvo, también, una rama secular; sin embargo es en estos últimos tiempos cuando se ha abierto decididamente a los laicos la posibilidad de compartir su espiritualidad, su carisma y su misión, incorporándoles a formar parte de la Congregación, en la Rama Secular. 

La Congregación, hoy

En las orientaciones que se derivan de los últimos Capítulos Generales, se pone de manifiesto especialmente una llamada a subrayar la dimensión misionera, y más concretamente en la consolidación de los proyectos de África y Asia.

Se concede una gran importancia a la implantación de la Congregación en esos continentes por medio de religiosos procedentes de esas culturas. Para ello se van dejando ciertas presencias, menos significativas hoy, y fortaleciendo al mismo tiempo las presencias del Tercer Mundo.

En nuestros días, la Congregación está extendida prácticamente por todo el mundo. Y hay presencias misioneras en: Congo, Mozambique, Filipinas, India, Indonesia, Japón, Singapur, Islas Cook (Nueva Zelanda), Polinesia francesa, el continente americano, etc.

Se puede decir, en verdad, que los misioneros y misioneras de la Congregación de los Sagrados Corazones están haciendo hoy día un gran esfuerzo por llevar el Evangelio a lugares nada fáciles, donde, en ocasiones, hay que sufrir la violencia surgida de las guerras.

DATOS DE CONTACTO

CONGREGACIÓN DE LOS SAGRADOS CORAZONES
Padre Damián, 2
28036 Madrid
Web: http://www.sscc-andalucia.org/

 

Por Felix González López
Congregación Sagrados Corazones
Revista Misioneros Tercer Milenio