Misioneros Espiritanos: 
al servicio de la Iglesia Misioneros

C

orre el año 1703 cuando un joven seminarista de origen francés, Claudio Poullart des Places, crea el Seminario del Espíritu Santo. Acababa de plantar la semilla que años más tarde germinará dando origen a la Congregación del Espíritu Santo y del Inmaculado Corazón de María. Para tan floreciente nacimiento tendrá, sin embargo, que transcurrir todavía casi siglo y medio. Fue exactamente en el año 1848. En esta fecha el seminario creado por Claudio Poullart se fusionará con la Asociación del Inmaculdo Corazón de María, fundada por un sacerdote convertido del judaísmo, el padre Francisco Libermann. Así las cosas, la familia misionera espiritana comienza todo una gozosa realidad.

Nuestra Misión

       Anunciar el Evangelio, la Buena Nueva de Jesús, entre los pueblos y grupos humanos que todavía no conocen a Cristo y su mensaje liberdor, ése en el espíritu que nos guía en nuestra labor como misioneros. Una labor que empieza por promover la Justicia la Paz y el desarrollo integral del hombre, particularmente entre los pueblos más explotados y empobrecidos. Los espiritanos somos una familia específicamente misionera. Todos sus miembros estamos llamados a ser misioneros ad gentes. Estamos disponibles para ir allí donde la Iglesia difícilmente encuentra obreros para continuar la obra de Dios. Vivimos esta Misión en comunidades fraternas y orantes, signo de nuestra fe y confianza en Dios y del amor que anunciamos bajo la protección del Espíritu Santo y del Inmaculado Corazón de María.

Cuántos somos y dónde estamos

       Actualmente somos una familia de sacerdotes, laicos consagrados y seglares volcados en la evangelización y promoción de los pueblos más abandonados. En total, sumamos 3.196 misioneros consagrados al servicio de la Iglesia misionera.  De estos misioneros, 30 son obispos, 2.400 son sacerdotes, 300 son laicos consagrados y 466 son seminaristas profesos, la mayoría de países subdesarrollados. Nuestra labor se extiende por los cinco continentes. Sesenta y tres naciones de todo el mundo son testigos de nuestra presencia y quehacer misionero. En el caso concreto de los Espiritanos españoles estamos trabajando, además de en nuestro propio país, en Brasil, Camerún, Paraguay, Puerto Rico y Tanzania.
         Desarrollamos nuestra tarea con la mirada puesta en las dimensiones trazadas por nuestro Carisma: despertamos vocaciones misioneras entre los jóvenes y llevamos a cabo su formación; trabajamos en la animación misionera de la Iglesia Misionera en España; y atendemos, en la medida de nuestras posibilidades, las necesidades de los marginados de nuestra sociedad, como toxicómanos, refugiados o inmigrantes llegados de los países en desarrollo.
Acogemos seglares o sacerdotes asociados que se unen a nuestra espiritualidad con el ánimo de dar respuesta a las necesidades de la Iglesia junto a los “pobres entre los pobres”, siempre dentro de nuestra perspectiva evangelizadora-misionera.

Familia espiritana

         La familia espiritana está constituida por cristianos sensibles al grito de los pobres, aquéllos que se sienten identificados y comprometidos con el proyecto apostólico de los Misioneros Espiritanos. Son personas que viven y muestran inquietud e interés por las misiones, que nos conocen y desean dar a conocer la Congregación, que fomentan y rezan por las vocaciones misioneras. Son también aquellos hombres y mujeres que colaboran espiritual y económicamente en la formación y el mantenimiento de los misioneros de la Congregación y que hacen posible nuestra labor misionera, tanto en España como en Misiones. Forman parte asimismo de nuestra familia aquellas personas que reciben nuestras publicaciones y apoyan iniciativas y proyectos de desarrollo promovidos por los Espiritanos e Iglesias locales en el llamado Tercer  Mundo: fundación de escuelas, hospitales, dispensarios, centros de formación del clero nativo, profesores, catequistas....

Liberman, pionero de la inculturación

         El padre Libermann fue, sin duda, un adelantado de su tiempo. Su figura resalta entre los grandes gigantes de la evangelización del continente africano en el siglo XIX. Él supo ver como nadie, con un siglo  de antelación, la urgencia de un nuevo estilo evangelizador. Convencido de la necesidad de emprender nuevos derroteros en la difusión del mensaje de Cristo, fue capaz de trazar las grandes líneas maestras de la, hoy en día, tan reclamada inculturación de la Iglesia. "Hacéos negros –decía a los misioneros– para formarles como deben ser, y no a la manera europea".
          Su visión profética le llevó a destacar la importancia de las Iglesias locales. Éstas, sostenía, han de ser responsables de sus propios destinos. Para ello era vital que estas Iglesias jovenes, en formación, estuvieran dotadas de las instituciones y los medios precisos para desarrollar una vida autónoma en el conjunto de la Iglesia universal. En esta línea, la promoción del clero nativo fue siempre una de sus máximas prioridades.
          Obsesionado con la creación y promoción de las Iglesias nativas, Libermann propugnó la fundación de seminarios y escuelas locales. Pero su mirada de profeta va más allá. Descubre así la importancia del liderazgo seglar. Habla de laicos comprometidos, formados y capacitados para presidir la vida litúrgica de las nacientes comunidades cristianas y facilitar al pueblo el conocimiento del Evangelio.
         Las ideas de este gran misionero resultan totalmente novedosas; rayan, incluso, lo escandaloso según la mentalidad de la época. Europa se sabía tan superior al resto del mundo que su consideración del continente negro estaba cargada de falta de respeto hacia la cultura africana. En este contexto la visión del Evangelio que predicaba el fundador de los Espiritanos  no va a ser fácilmente asumida. Como en el caso de tantos otros hombres y mujeres preclaras, el tiempo se encargaría de darle la razón. 

«Sed fervorosos, fervorosos,
siempre fervorosos, y, 
sobre todo, la caridad,
la caridad sobre todo.

Caridad en Jesucristo,
caridad por Jesucristo,
caridad en el nombre
de Jesucristo.

Fervor, caridad, unión
en Jesucristo.

Os veo por última vez,
estoy contento de veros.

Dios en todo, 
el hombre no es nada.

Espíritu de sacrificio, celo 
por la gloria de Dios y
salvación de las almas».

Testamento Espiritual del padre Liberman

 

DATOS DE CONTACTO

MISIONEROS ESPIRITANOS
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28003 Madrid.
Teléfono: 91 554 21 57 
E-mail.: cssp.es@planalfa.es

C/Olivos, 12. 
28003 Madrid.
Teléfono: 91  553 36 16 

Web:http://www.espiritanos.es/

 

Por Julio César Vidal
Misionero Espiritano
Revista Misioneros Tercer Milenio