Hacerse pobre con los pobres, para llevarlos a Cristo

L

a vida de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, como toda vida, no surgió de repente. Se fue preparando, poco a poco, en el pensamiento de nuestra Madre. Y en su alma toma forma un lema que será nuestro distintivo: “Hacerse pobre con los pobres para llevarlos a Cristo”. Esta frase, escrita sobre la lápida de su sepulcro, fue fielmente llevada a la práctica hasta sus últimas consecuencias, y marcó su vida y la de nuestra Compañía.

Nuestra Madre fundadora,  Santa Ángela de la Cruz, nació en Sevilla el 30 de enero de 1846. Desde los doce años tuvo que trabajar como aprendiz en una zapatería para ayudar a su familia. Admirada por todos, despreciando toda gloria humana, buscando la total humillación, llena de virtudes y de frutos apostólicos, murió el 2 de marzo de 1932. Su Santidad Juan Pablo II la proclamó  beata en Sevilla, el 5 de noviembre de 1982, y santa, en Madrid, el 4 de mayo de 2003.

 

El comienzo

De una manera sencilla, sin ruido, casi anónima, comenzó nuestra congregación su andadura en el siglo XIX, en favor de los pobres y de los enfermos. Fue el 2 de agosto de 1875, en Sevilla. Así nacimos nosotras, las Hermanas de la Compañía de la Cruz, una congregación que se distinguirá por el servicio a Dios en sus hermanos más pobres, haciéndonos “pobre con los pobres para llevarlos a Cristo”.

Nos parece muy poco todo lo que se puede decir, en unas cuantas líneas, respecto a la importancia que el amor a la cruz tiene en la vida de nuestra santa Madre fundadora. Santa Ángela comprende que la cruz es expresión del amor de Jesucristo. Sabe que no se puede corresponder a este gran amor sino amando con toda el alma, y que este modo de amar compromete la vida toda. El amor a su Señor en la cruz no tiene límites. La consume. En la cruz, enfrente y muy cerca de la de nuestro Señor, nuestra santa Madre aprende a darse ella misma a los pobres, a los enfermos, a todos los que sufren.

 

Nuestras misiones

Tenemos casas en España y en Italia. Y, aunque no somos un instituto específicamente misionero, contamos con tres conventos en Argentina. Hace más de 100 años, Santa Ángela de la Cruz miró la realidad de la sociedad en que vivía y se dijo: “Siento tanto amor hacia los pobres, sea cual fuere su necesidad, que parece que mi corazón se multiplica por ser entero para cada uno de los que se ven necesitados y me ocupo de sus penas como mías. Los amo demasiado y quiero padecer por ellos” (Escritos íntimos, José M.ª Javierre, BAC).

Contemplar a Santa Ángela y leer sus escritos lanza a la Compañía de la Cruz, por ella fundada, al futuro, a soñar, a abrirse camino, a buscar pobreza y enfermedad que aliviar. Y ante la iniciativa de una fundación en Argentina, el instituto no lo duda, abre sus puertas y no perdona sacrificio por hacer el mayor bien a quien lo necesita.

Es en el año 1969 cuando nuestra Compañía comienza su andadura misionera en Argentina, sencilla y pobremente, pero con decisión y confianza en Dios. La primera fundación se llevó a cabo el 21 de febrero de 1969, en Quimilí, y a los dos años, el 18 de abril de 1971, se abrió otra nueva casa en Monte Quemado, las dos en la provincia argentina de Santiago del Estero. El 20 de octubre de 2007 se hizo la tercera fundación en Alderetes, en San Miguel de Tucumán, provincia de Tucumán, al oeste de dicha provincia de Santiago del Estero.

La presencia de nuestras hermanas en estos tres pueblos ha creado un ambiente espiritual diferente; sembraron fe, amor, paz, confianza en Dios… Con el pasar de los años esas semillas han ido dando generosos frutos gracias a Dios y al trabajo y los sacrificios de nuestras hermanas.

 

Nuestra labor

Nuestro ámbito de actividades es muy variado. En Argentina trabajamos con enfermos, ancianos, jóvenes y niños. Tenemos hogares para discapacitados psíquicos profundos, comedores infantiles y reparto de comidas diarias, enseñanza con niños y adultos, visitas a ranchos, velas a los enfermos por las noches y ambulatorios de primeros auxilios. Nuestra presencia y la gratuidad de todos nuestros apostolados no han pasado desapercibidas en los años que llevamos trabajando en Argentina. Y como algo característico de nuestro carisma particular, también allí hemos creado, en nuestros conventos y a su alrededor, un ambiente sencillo, acogedor, generoso y austero.

Las experiencias de vida en estas regiones y especialmente en estos pueblos de Argentina mueven las raíces más profundas de las personas. Nadie que visite Quimilí, Monte Quemado o Alderetes y tenga cierta sensibilidad queda igual. Vives, palpas, ves y contemplas la vida en medio de la gente, del pueblo, de los niños y jóvenes; y comprendes cuánta pobreza tienen en recursos, en oportunidades, en todo…

Hay hambre, enfermedad, soledad, carencia de lo más indispensable. Ante tanta pobreza extrema, el “granito de arena” de las Hermanas de la Compañía de la Cruz es muy pequeño: “Faltan obreros en la viña…”. Pero desafiando la escasez de medios económicos y de hermanas, por encima de toda dificultad, nuestra Compañía ha llevado a cabo estas fundaciones, aunque los recursos personales sean muy escasos.

La congregación no es muy numerosa. Sólo cuenta con 831 miembros, y seguro que nunca seremos muchas más, porque ya nuestra Santa Madre así lo profetizó en vida. Pero, a pesar de todo, esta es la opción preferencial que nuestra Compañía ha hecho, con el convencimiento de que es la misma respuesta que hoy daría nuestra Madre fundadora, Santa Ángela de la Cruz, a sus pobres, a los preferidos de su corazón.

DATOS DE CONTACTO

CLÉRIGOS DE SAN VIATOR 
c/ Sor Angela de la Cruz 4
41003 Sevilla. 
Teléfono:
95 422 57 88


Hermanas de la Cruz
Revista Misioneros Tercer Milenio