Una sola familia en Cristo

L

l Instituto Catequista Dolores Sopeña fue fundado en 1901 como “Instituto de Damas Catequistas”. Hablar de nuestra identidad es reconocer “una historia de amor entre Dios y un pequeño grupo de débiles mujeres, enamoradas de Él hasta la locura”, que tratan de responder a su amor, siempre más grande. Contemplativas del misterio de máximo abandono de Jesús en el huerto de los olivos, sentimos que se nos da amor, vida y sacrificio. Nuestra fundadora, la beata Dolores R. Sopeña, vio “que nacía un plantel de misioneras dispuestas a ir por todos los confines de la tierra, donde la luz del Evangelio no haya penetrado aún”.

 

La fundadora

María Dolores Rodríguez Ortega Sopeña (1848-1918) es la fundadora del Instituto Catequista Dolores Sopeña. Fue declarada beata el 23 de marzo del año 2003. Mujer enamorada de Dios, ama sin límites a todos, especialmente a aquellos más necesitados; busca ansiosa y confiada la voluntad de Dios hasta llegar a una unión plena con Él y a una identificación con Cristo, siguiendo siempre sus huellas.

Dolores recorría, buscaba, salía al encuentro sin tregua ni descanso por tantos lugares donde la luz del Evangelio no había penetrado aún; uniendo, creando fraternidad entre los distanciados socialmente. “¡Esta es mi vocación!”, exclamaba cuando reunía a los pobres en las afueras de la ciudad y les decía que Dios les amaba, que todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre.

En 1872, en Puerto Rico, funda la Congregación de Hijas de María. Allí estableció los llamados “Centros de Instrucción”, actualmente “Centros de Educación para personas Adultas”, que mantienen el mismo objetivo de vida de Dolores Sopeña: “ganar almas a granel, para ensanchar el Reino de Cristo”.

Pionera del apostolado con laicos, tan reconocidos por el Concilio Vaticano II, en 1885 establece la Asociación del Apostolado Seglar. Éstos han sido, desde los comienzos, los más fieles y eficaces colaboradores. En la actualidad, integran el Movimiento de Laicos Sopeña, con Estatutos registrados en la Iglesia. En 1892 crea una asociación civil para respaldar toda la obra que va estableciendo en Madrid y, poco después, en distintas poblaciones de España, en sus variados esfuerzos para favorecer la evangelización, entendida como promoción humana, anuncio explícito y fraternidad.

 

Nuestra labor

Nos urge la llamada del Señor a “vivir en medio del mundo”, que facilita personalizar y consolar en las estructuras de las mega ciudades, donde los parches de la marginación se multiplican, la pobreza viste ropas usadas, la soledad aprieta frente a la TV, y el abismo entre los que saben y los que no saben se globaliza haciendo inalcanzable la equidad. Modos inéditos de diversión congregan a jóvenes los fines de semana, y el Dios cercano Padre deja de tener significación.

Frente al olvido de Dios, anunciamos el Reino. “Ganándoles el corazón” y haciéndoles experimentar que son amados, es más fácil llevar a nuestros hermanos a Dios. Ante tanta despersonalización les ofrecemos la promoción humana para que redescubran el valor de la dignidad de hijos e hijas de Dios. Para superar las distancias en sus múltiples formas, la respuesta es la fraternidad. Hacemos una labor vital, creando amistad que entra suavemente, para ofrecer el reconocimiento de unos valores preexistentes en las personas, que necesitan unas condiciones para desarrollarse y crecer.

 

Objetivos de futuro

Nuestro Capítulo General de 2007 coloca a cada catequista en la misión de renovar su experiencia de filiación, que nos urge a tejer relaciones nuevas de fraternidad, signo de la presencia del Reino.

Y es que la fraternidad tiene su origen en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Abarca a toda la persona y ha de manifestarse en toda la vida; lleva consigo, entre otras cosas, el compromiso con la justicia, la corresponsabilidad en el reparto y distribución de los bienes de la Tierra, el unir a los que están distanciados económica, social, religiosa y culturalmente, el diálogo y participación en los esfuerzos comunes a favor del desarrollo de la persona, y el respeto y valoración de las diferencias, haciendo de “todos los hombres una sola familia en Cristo” (Dolores R. Sopeña).

DATOS DE CONTACTO

MISIONERAS DE LA DOCTRINA CRISTIANA
C/ Francisco de Rojas 6-2
MADRID

Sor Rosi Almeida
Catequista Sopeña
Revista Misioneros Tercer Milenio