Marianistas Una fe que asume riesgos y nuevas misiones |
l Beato Guillermo José Chaminade (1761-1850), nuestro fundador, repetía constantemente: “Somos los misioneros de María, que nos ha dicho: ‘Haced lo que Él os diga’. Sí, todos sois misioneros. A cada uno de nosotros nos ha señalado la Virgen una tarea para trabajar por la santificación de nuestros hermanos del mundo”. Para él era inconcebible ser marianista y no anunciar la Buena Noticia. Para los religiosos marianistas ser misionero es mucho más que hacer tales o cuales cosas, asumir éste o ese otro compromiso apostólico o social, fuera o dentro de España. Afecta al propio ser de la persona, a la propia entidad, ya que nos convierte en personas que se comprenden a sí mismas como enviadas por Dios. Ser misionero supone el encuentro personal y transformador con Cristo. Sólo el que ha experimentado en sí mismo el amor misericordioso, el perdón ilimitado, la liberación sin cortapisas, es decir, sólo el que ha sentido y vivido en su propia carne la Salvación del Evangelio, el que ha dejado que la Buena Noticia transforme su mente y su corazón, se siente impulsado a comunicar a otros lo que ha visto y oído. Los
religiosos marianistas trabajamos para que las realidades
sociales, económicas y políticas se vayan configurando de
acuerdo al deseo de Jesús de que todos vivamos como hermanos y
hermanas, reconociendo a Dios como Padre y procurando que
nuestro mundo se convierta en un anticipo del Reino de Dios. Universalidad evangelizadoraPresente
en más de treinta y cinco países, la Compañía de María es
misionera en la universalidad de sus miembros y de su
apostolado. Estamos abiertos a todos los medios de evangelización,
respondiendo a las llamadas de la Providencia, según las
necesidades de tiempos y lugares. Los
mil trescientos marianistas colaboramos con el esfuerzo de la
Iglesia para extender su presencia evangelizadora en todos los
pueblos, especialmente en algunos países considerados de misión
ad gentes: Albania, Bangladesh, Brasil, Colombia, Congo, Corea,
Ecuador, Guatemala, India, Kenia, Malawi, México, Perú, Togo,
Túnez y Zambia. En los últimos cinco años también hemos
abierto comunidades en Cuba, Haití y Filipinas, y estamos dando
los primeros pasos para establecer una fundación en China. Un
hecho curioso: en Haití se creó primero una comunidad de
laicos marianistas (CLM) y han sido ellos los que han pedido que
vayan también los religiosos. Desde el año pasado hay una
comunidad con un hermano africano, otro de América del Norte y
un europeo.
En
España somos doscientos cincuenta religiosos distribuidos en
dos unidades. A pesar de nuestra edad media avanzada, de la
escasez de nuevas vocaciones y de la envergadura de nuestras
obras apostólicas (presencia en el mundo de la educación con
quince colegios, en el de las parroquias con diecisiete de
ellas, en el de la promoción y la cultura con la Fundación
Santa María y el Grupo Editorial SM, además de otros servicios
y ministerios eclesiales), los religiosos marianistas de la península
sentimos una llamada especial a participar en la evangelización
hasta los confines de la tierra. Así,
también en los últimos cinco años, hemos asumido la fundación
en Cuba, tras dar la independencia a la Región de Colombia y
Ecuador, y algunos de nuestros hermanos participan en las nuevas
implantaciones de Albania y Filipinas. Asimismo, apoyamos con
nuestro trabajo desde España y con nuestra presencia en verano
la reciente fundación en Las Conchas, zona rural de Guatemala,
llevada por laicos marianistas con los que colaboramos en este
proyecto evangelizador de la Familia Marianista. También
mantenemos la misión marianista en Brasil, donde desarrollan su
labor quince religiosos, la mayoría de ellos de origen español. Regla de Vida
En
nuestra Regla de Vida señalamos que, para fortalecer la vida
cristiana de las Iglesias jóvenes y asegurar la evangelización
continuada de esas zonas, trabajamos especialmente en la formación
de comunidades de fe (comunidades laicas marianistas) y de apóstoles
seglares. La fe nos lleva, a nosotros y a los apóstoles que
formamos, a compartir los esfuerzos de los pobres que luchan por
su dignidad y libertad. En
nuestra misión nos esforzamos por crecer en las virtudes de María,
a la que asistimos en su misión de formar en la fe a una
multitud de hermanos y hermanas para su Hijo primogénito.
Queremos reflejar en nuestro entorno la cordialidad con que María
acogió a Dios y a las personas; tener una fe que asuma riesgos
y nuevas misiones con fidelidad creativa a nuestro carisma;
trabajar con sencillez y humildad, practicando la hospitalidad y
teniendo una delicadeza humana abierta a toda necesidad.
Como
misioneros no tratamos de hacer cosas distintas, sino de vivir
la cotidianidad evangélicamente, siendo así anuncio de la
Buena Nueva, dentro y fuera de nuestras fronteras.
Por
Luis Fernando Crespo |