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Padre Arnoldo Janssen, ante la manifiesta voluntad de Dios, no
opone resistencia. ¡Dios lo quiere, manos a la obra! Así es
como el 8 de diciembre de 1889 pone los cimientos de una nueva
Congregación Misionera, y ahora ¡femenina! Ha descubierto cuan
importante puede ser la labor de la mujer en la evangelización.
Los Misioneros de la Sociedad del Verbo Divino –Congregación
creada por él en 1875– han comenzado a salir fuera de sus
fronteras y piden, cada vez con más insistencia, hermanas que
les ayuden en el trabajo con las mujeres de China.
Éste
es el punto de partida de la Congregación Misionera Siervas del
Espíritu Santo. El 17 de enero de 1892 el mismo Arnoldo Janssen
entrega el hábito a las primeras 16 novicias. Desea acompañarlas
personalmente en su proceso de entrega radical e incondicional a
Dios y a la obra misionera de la Iglesia.
Desde
el comienzo, el padre Arnoldo deposita especial confianza en
Helena Stollenwerk y Hendrina Stenmanns, co-fundadoras de la
Congregación, a quienes pedirá ayuda y consejo para las
decisiones más importantes. Entre ellas, la posterior
constitución de una sección de clausura eminentemente
contemplativa: la Congregación de las Siervas del Espíritu
Santo de la Adoración Perpetua.
Nuestra
espiritualidad y carisma
En el prólogo de las Constituciones se resalta el origen de
nuestra Congregación, de nuestra espiritualidad trinitaria y
nuestro carisma misionero:
“Respondiendo
a la llamada del Espíritu Santo y a las necesidades de los
pueblos, el beato Arnoldo Janssen, con la colaboración de
Helena Stollenwerk y Hendrina Stenmans, fundó nuestra
Congregación como comunidad misionera, consagrándola al Espíritu
Santo. Cristo nos llamó a esta Congregación para seguirlo en
la fuerza del Espíritu Santo, alabar al Padre y llevar a los
hombres a la plenitud de la vida”.
Vivimos
nuestra vocación misionera, ante todo, desde la fe en la Santísima
Trinidad que habita en nuestros corazones. Por este motivo,
personal y comunitariamente, glorificamos a Dios, Uno y Trino, y
colaboramos para que sea conocido, amado y glorificado por todos
los hombres en todos los confines de la tierra.
Como
Siervas del Espíritu Santo, lo amamos y glorificamos de un modo
especial. Por Él se derrama el amor de Dios en nuestros
corazones. Él quiere transformarnos, compenetrar nuestra oración
y acción, capacitarnos para la entrega. Ungidas por su amor,
procuramos que otros también reconozcan su acción en el plan
salvífico de Dios, lo amen y vivan en Él.
Allí
donde quiera que seamos enviadas por la Iglesia, anunciaremos el
amor del Padre, que por medio de la encarnación de su Hijo y
enviando su Espíritu, quiere congregar a todos los hombres en
la comunidad de su amor trinitario.
Nuestra
labor misionera
Nuestra tarea misionera como Siervas del Espíritu Santo en el
mundo de hoy consiste esencialmente en:
Continuar la obra de Jesús, anunciar la Buena Nueva del
Reino y con nuestra presencia y acción hacer tangible la
presencia de su Espíritu.Promover y defender la vida.
Compromiso a favor de la Justicia, la Paz e Integridad de la
Creación. Trabajo en red con otras congregaciones y
organizaciones no gubernamentales.
Fomentar el diálogo de y entre las culturas y religiones.
Compromiso junto al pueblo, con dedicación preferencial a
los pobres, marginados, promoción de la mujer, educación
de niños y jóvenes, asistencia a ancianos, enfermos y
moribundos.
Así nos lo dicen nuestras Constituciones:
“Los
pobres ocupan en el Evangelio un lugar privilegiado. Por eso, en
medio de un mundo profundamente desgarrado por la injusticia y
las indignas condiciones de vida, estamos llamadas a dedicar
nuestro servicio preferencial a los pobres. Reconocemos que el
egoísmo del corazón humano es la causa más profunda de todas
las estructuras y sistemas injustos. En consecuencia,
trabajaremos a favor de la justicia, la libertad y la paz”.
“Nuestro
amor a los demás se inspira en el amor y la solicitud de
Cristo, que enseñó, curó, reconcilió, mostró misericordia y
compasión y, finalmente, se entregó a la muerte por
nosotros”.
El
último Capítulo General (correspondiente a 1996) habló de
Misión básicamente como relación enraizada en la Trinidad.
Esto supone una llamada, un envío y una contemplación de las
realidades en actitud de discernimiento. Significa diálogo con
Dios, con otros y con el pueblo en sus diversas situaciones.
Nos
definió como una “Comunidad Internacional de mujeres proféticas”
y realmente nuestras Comunidades Misioneras e Interculturales
hoy, presentes en 40 países y de 38 nacionalidades, tienen esa
misión profética pues:
-
En
nuestro mundo pluralista y dividido, marcado por
rivalidades y ambiciones, el hecho de que hermanas de
diferentes edades, lenguas y origen vivan en armonía, son
un testimonio creíble.
-
Ante
el abuso y la explotación de los débiles a nivel
mundial, vivimos como Comunidad Internacional el
testimonio de que los seres humanos de todas las razas y
culturas son profunda y esencialmente iguales.
Ungidas
por el espíritu
El Padre Arnoldo Janssen es muy consciente de la importancia que
la mujer debe adquirir en la labor misionera. Animado por esta
convicción, da los primeros pasos para crear la rama femenina
de los Misioneros del Verbo Divino. Para este nuevo e
ilusionante reto, Arnoldo busca el respaldo de dos hermanas que
muestran una gran inquietud misionera y un gran conocimiento de
la misión universal de la Iglesia. Helena Stollenwerk y
Hendrina Stenmanns desean ardientemente ser misioneras. En ellas
depositará el padre Arnoldo toda su confianza para fundar las
Misioneras Siervas del Espíritu Santo.
Helena
Stollenwerk
Nace
el 28 de noviembre de 1852 en Alemania, hija y heredera de un
acomodado agricultor. Su deseo
de unirse a la obra misionera emprendida por Arnoldo la
lleva a ingresar en la casa misional de Steyl en 1882.
En
1889, participa, junto con Hendrina Stenmans, en la fundación
de las Misioneras Siervas
del Espíritu Santo. En 1898, el padre Arnoldo Janssen le pide
que funde una sección de clausura: la Congregación de
Siervas del Espíritu Santo de la Adoración Perpetua, tarea a
la que se consagrará hasta el momento de su muerte, 3 de
febrero de 1900.
El
7 de mayo de 1995 fue proclamada beata.
Hendrina Stenmans
Nace
el 28 de mayo de 1852 en Issum, Alemania. Su bondad, su espíritu
maternal y su profundo amor al prójimo caracterizan su vida.
Su sensibilidad hace que su yo siempre sea pospuesto ante las
necesidades de los otros.
En
1884 se dirige a Steyl con el fin de tomar parte activa en la
tarea evangelizadora de la Iglesia. Su sencillez, firmeza en
la fe, amor a la oración y devoción al Espíritu Santo dan a
su vida un sello muy peculiar como Misionera Sierva del Espíritu
Santo. Fallece el 20 de mayo de 1903.
Por
Cristina Alonso
Sierva del Espíritu Santo
Revista
Misioneros Tercer Milenio |