Evangelización liberadora

L

a Orden de la Merced –fundada por San Pedro Nolasco, con el apoyo del obispo Palou y del joven rey Jaime I de Aragón, el 10 de agosto de 1218, en la catedral románica de Barcelona– surge, bajo la inspiración mariana, para la redención de los cautivos cristianos, cuya fe peligraba en las mazmorras y baños del norte de África, en poder de sarracenos y otros enemigos de nuestra fe.

Profesa, además de los tres votos comunes, el “Cuarto Voto”: “Quedar en rehenes, cuando así lo exijan las circunstancias, si peligra la fe de un cautivo”. Es, pues, junto con la Orden de la Santísima Trinidad, orden redentora. Se diferencia de la trinitaria por haber sido “laical” durante el primer siglo (1218-1317) y por considerar todos sus bienes como propiedad de los cautivos; no sólo un tercio, cual la Trinidad. Ambas son confirmadas por la Iglesia y cumplen su misión de caridad con la específica obra de misericordia, redimir al cautivo. Obra, por otra parte, a la que estaban llamados todos los cristianos, pero cuyo cumplimiento sistemático sólo llevaron a cabo, desde finales del siglo XII y principios del XIII, dichas Órdenes de liberación.

Misión histórica

El matiz misionero y eclesial de la Orden redentora de la Merced, ya desde la primera evangelización del Nuevo Mundo, puede ser clasificado como “evangelización liberadora”, con María, Madre de la Merced o misericordia, cuya devoción profunda arraigó en todo América.

No sólo tuvo métodos propios de evangelizar, sino que orientó a los mismos nativos para que ayudaran a reunir y enviar plata para “la obra de la redención de los cautivos”. De tal modo fue notable su actividad, que el número mayor de redimidos se dio durante dicha etapa americana, desde las llamadas “Doctrinas” y, más tarde –después de Trento–, cuando ya se contaba con parroquias propias.

Desde las primeras redenciones (siglo XII) hasta vísperas de la Revolución francesa (finales del siglo XVIII), la Orden liberó en torno a 70.000 cristianos cautivos, uno a uno, imitando a Cristo Redentor, en la disponibilidad de quedar como rehenes y entregar incluso la propia vida, como muchos mercedarios hicieron.

No se preocupó la Merced por “canonizar” a sus héroes cristianos. Gastó el dinero en la redención. Sólo en tiempos de Urbano VIII (1628) se canoniza a San Pedro Nolasco, fundador, fallecido en 1245, y a San Ramón Nonato, redentor de cautivos –a quien pusieron un candado en los labios para que no predicase el Evangelio de Cristo en tierra musulmana– y cardenal electo, fallecido antes de recibir el capelo, el año 1338. A lo largo del siglo XVII y XVIII se eleva a los altares a: San Pedro Armengol; el mártir San Serapio; la primera monja, Santa María de Cervellón; y San Pedro Pascual, obispo de Jaén, cautivo y muerto en Granada (1300). También a la terciaria Beata Mariana de Jesús, cuyo cuerpo sigue incorrupto en las Mercedarias de Don Juan de Alarcón, hoy Mercedarias de la Orden de la Merced, en la calle Valverde de Madrid.

Misión actual

La Orden tiene actualmente nueve provincias: tres en Europa (Aragón, Castilla y Roma) y seis en Iberoamérica (Chile, Argentina, Ecuador, Perú, México y Brasil), y varias vicarías. Cultiva el carisma liberador, “según las nuevas formas de cautividad”, y mantiene misiones, a través de sus propias provincias, en África, Iberoamérica y en el sur de la India. Desde el siglo XX destacan precisamente, como si fueran “las niñas de los ojos” de la Orden, esas misiones africanas.

Modernamente, los lugares de presencia mercedaria misionera han sido y son: Burundi (1968-1986), Ruanda (1985-1994), Zaire-R.D. del Congo (1994-2003) y Camerún (desde 1997 hasta la actualidad). Más de una treintena de mercedarios –algunos de ellos continúan– han estado, pues, y siguen, con nuevas generaciones, al servicio directo de la misión liberadora.

Actualmente la provincia de Castilla tiene un par de obispos en el Brasil nordestino: monseñor Ramón López Carrozas (en activo), en la diócesis de Bom Jesus do Gurgueia, y el obispo emérito de S. Ramundo Nonato, Cándido Lorenzo González. Su labor misionera es sacrificada y digna de elogio y un ejemplo eclesial.

Además, consagran su vida a los más pobres africanos, en Yaoundé, Camerún, como evangelizadores, los padres Pablo Ruiz de Escudero, Carlos Mª Olivera Lorenzo, Pierre Kaziri y Edouard Kolongo Senda, que regentan la parroquia de la Briqueterie.

Desde agosto de 2003, Fr. Pablo Paniagua Mariño trabaja infatigablemente en la misión de Ngovayang, Camerún, como cooperante de la entidad Medicus Mundi-Extremadura, para mantener el funcionamiento de un viejo hospital que atiende a los pigmeos, despreciados de todos y escondidos en el interior de la selva. Colabora con una comunidad de Hermanas de Carlos Foucauld. Tenemos asimismo una misión en el Caribe (Santo Domingo), con los padres Ángel Cuadrado Calvo y Fidel Fernández Barreira, junto al religioso de votos simples Fr. Luis Antonio Vázquez y un aspirante.

Pensando en el arraigo futuro, se ha creado la casa de acogida y formación vocacional San Pedro Nolasco, con los padres Serge Ndayisaba, Jean Paul Mwenge Ngoie y Agustín Roy Kabongo Mulangu; los religiosos de votos simples Richard Ewome, Serge Bemegne Ombono y Elie Gervais Fonda, los tres de Camerún, y un par de angoleños de la provincia de Chile, Alexandre Mateus y Bengui Miranda. Asimimso, se está construyendo un seminario para acoger a los estudiantes profesos africanos de las provincias mercedarias de Castilla, Aragón y Chile presentes como misioneros en África (Camerún, Mozambique y Angola).

 

DATOS DE CONTACTO

ORDEN SANTÍSIMA TRINIDAD
Belisana, 2
28043 Madrid
Teléfono: 91 300 29 72

Web: http://www.mercedarios.net/

Por Luís Vázquez Fernández
Orden de la Mercerd
Revista Misioneros Tercer Milenio