Caridad sin Fronteras

L

os orionistas somos una pequeña gran Familia formada por trabajadores, voluntarios, bienhechores, religiosos, laicos y los más importantes, los dueños de la casa: niños, jóvenes, chicos, ancianos y cualquier colectivo que tenga algún dolor o necesidad. En ambiente de familia compartimos la riqueza de la espiritualidad de S. Luis Orione (1872-1940), sacerdote italiano que inició nuestra historia.

La pobreza y la religiosidad sincera que desde pequeño respiró este santo fueron el mejor estímulo para que brotara en su corazón el germen de un amor apasionado a Dios y a las personas más desfavorecidas: “Una de las gracias que el Señor me ha concedido es la de haber nacido pobre”.

Su vocación se acrisoló y robusteció en los años de formación vividos con los franciscanos, con su amigo Juan Bosco y en el seminario diocesano de Tortona. En un primer momento, por las vicisitudes político-sociales de aquellos años, centró su trabajo, siendo todavía seminarista, en la atención a los niños huérfanos. Y, ya sacerdote, abrió todo tipo de instituciones caritativas al servicio de “los más pobres de entre los pobres”, como solía repetir. Su corazón no conocía límites e, incluso, pasó cuatro años de su vida entre sus misioneros de Latinoamérica, donde  plantó  tiendas de caridad y hogares de esperanza. 

Piropos a S. Orione

D. Orione fue piropeado como “el padre de los pobres e insigne bienhechor de la humanidad dolorida y abandonada” por Pío XII. El beato Juan XXIII dirá que “su caridad iba más allá de los límites normales. Estaba convencido de que podía conquistar el mundo con el amor”. Juan Pablo I dirá de él que “era el estratega de la caridad y su vida estuvo al servicio de los más pobres en nombre de la Iglesia”. Juan Pablo II lo definirá como “una maravillosa y genial expresión de la caridad cristiana”. Y Benedicto XVI, en su primera encíclica Deus caritas est lo cita como “un modelo insigne de caridad social para todos los hombres de buena voluntad”.

Como si de un árbol de fuertes raíces se tratase, el carisma del fundador ha crecido desarrollando diversas ramas dentro de la Iglesia: la Pequeña Obra de la Divina Providencia, las Hermanas Misioneras de la Caridad, el Movimiento Laical Orionista, las Hermanas Sacramentinas Ciegas, las Hermanas Contemplativas de Jesús Crucificado, los Ermitaños de la Divina Providencia y el Instituto Secular Orionista.

A todos nos une el intento de que el carisma de san Luis Orione llegue a los rincones donde los gritos de dolor y necesidad de los más empobrecidos de la tierra suenan con más fuerza. 

¿Qué hacemos?

Fieles al mandato del fundador de “hacer el bien siempre; el bien a todos”, se puede decir que la actividad particular de la Familia Orionista es la caridad “en general”, sin ataduras exclusivistas ni especialidades: cualquier actividad desde la que se pueda hacer el bien a los más pobres, sus preferidos. Y recordando siempre que “los pobres tienen hambre de Dios, no sólo de pan”.

Los pequeños cottolengos, las escuelas, las casas-hogar para los niños de la calle, para los “sin familia”, los centros sociosanitarios, las parroquias… son algunas de las realidades en las que se concreta cada día “la caridad sin fronteras” que tanto predicaba nuestro fundador.

Por sus palabras y escritos conocemos sus sensibilidades: “Los pequeños, los pobres, los viejos, los afligidos, los huérfanos, los enfermos, constituyen mi sueño, el canto de Dios que desde hace años me resuena en el alma”. “Los pobres son las perlas de la Iglesia. Los pobres deben ser nuestros hermanos. Nosotros estamos para los pobres. No lo olvidéis nunca”.

Ante la crisis abierta por la revolución industrial de su tiempo, advierte el deterioro de la Iglesia que estaba perdiendo las masas obreras como colectivo y toma posición: “¡Curas fuera de la sacristía! Debemos ir al pueblo. Debemos llevar el pueblo a la Iglesia”. “Somos una fuerza nueva de caridad para al pueblo, para los hijos de los obreros. Somos para los humildes, para la plebe cristiana”. “Eviten las palabras. De palabras ya estamos saturados. Nuestra predicación es la caridad. Nuestra política es la caridad grande que hace el bien a todos. Debemos ser los peones de Dios: sembremos a manos llenas a nuestro paso obras de bondad. La caridad es la mejor apología de la fe. Sólo la caridad salvará al mundo”.

La Familia Orionista en el hoy, en el aquí y el ahora, intenta dar continuidad al sueño de D. Orione a través de obras que no son sólo centros de acción e intervención social a favor de los colectivos más necesitados sino, sobre todo, púlpitos de evangelización, desde los que se anuncia el Evangelio de la vida con el lenguaje universal del bien, de la caridad, del amor. Un esfuerzo más –discreto y pequeño–, entre tantos otros, de la Iglesia y de la Historia para promover la dignidad de la persona –especialmente la del excluido por sus limitaciones– y para acercar, a través de la caridad, a las personas a Dios y Dios a las personas.

 

DATOS DE CONTACTO 

FAMILIA ORIONISTA
Plaza Daniel Segovia 1
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Por Laureano de la Red
Misionero Comboniano
Revista Misioneros Tercer Milenio