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oy
alcanzan el número de 2.000 misioneros repartidos por todos los
rincones del continente africano, su verdadera pasión, su vida. Y nunca
mejor dicho. Porque, en efecto, los miembros de la Sociedad de los
Misioneros de África, más conocidos como Padres Blancos, dedican toda
su vida a la misión de África.
¿Quiénes
somos?
La Sociedad de los Misioneros de África nació en Argelia. Fue fundada
en 1868 por Carlos Lavigerie, arzobispo de Argel, que confió a la
Sociedad unos valiosos principios para
la evangelización. Para él, como para nosotros, el apostolado en África
forma parte de la misión de la Iglesia para el mundo, que debe llevar
la misericordia de Cristo a toda la humanidad por medio del amor. Para
ello los Misioneros de África hacemos un juramento por el que dedicamos
toda nuestra vida a la misión de África. Nuestra espiritualidad está
basada en el apostolado; los medios son la oración, la vida en equipo y
la adaptación cultural.
Como Misioneros de África
hemos elegido vivir siempre en comunidad; la mejor manera de hablar del
amor fraterno es dando testimonio de una vida de comunidad que reúne a
hermanos y sacerdotes de culturas, edades y sensibilidades diferentes,
pero todos unidos por la misma pasión por el Evangelio. Vivimos,
rezamos y trabajamos juntos, y eso desde el comienzo de nuestra formación.
La responsabilidad de las tareas de la comunidad se toma en equipo;
todos los trabajos se presentan en el Consejo semanal de la comunidad en
el que se elaboran y evalúan todas las actividades. Vivir en comunidad
es llevar juntos el trabajo de todos y compartir lo que cada uno vive.
Compartir y convivir. Según el Evangelio, nuestro estilo de vida debe
ser sencillo, solidario con África que sufre y espera. Juntos como una
familia tratamos de encontrar lo necesario para vivir, trabajar y
compartir.
¿Qué
hacemos?
En pequeñas comunidades internacionales e interculturales nos dedicamos
exclusivamente al mundo africano y musulmán, como sacerdotes o
hermanos, con un compromiso de por vida, o como miembros asociados
(sacerdote o seglar, soltero o no) por unos años. Nuestras convicciones
y nuestra fe nos hacen arraigarnos en África, especialmente entre los
pueblos que sufren, aprendiendo sus lenguas y respetando sus culturas,
pero rechazando cualquier exclusión o injusticia.
Estamos
en África al servicio de todos los seres humanos y de todo el ser
humano, como miembros activos de la Iglesia del país que nos acoge.
Solidarios de las penas y alegrías de los africanos, trabajamos en
parroquias rurales; en los suburbios de las urbes africanas; en
hospitales; en centros de enseñanza formando líderes africanos; en la
animación de comunidades cristianas de base; en el desarrollo integral
y la promoción de la Justicia, la Paz y el respeto de la Creación... Y
lo hacemos creando una conciencia nueva entre el pueblo, convencidos de
que forma parte de nuestra vocación cristiana; luchando contra las
causas de los males, tanto en África como en Europa; colaborando con
todos los hombres y mujeres de buena voluntad...
Desde
nuestra fundación en 1868 en un país musulmán, damos gracias a Dios
por la fe viva de estos creyentes. Nos esforzamos por unir los corazones
y derribar prejuicios. Creemos que nuestra presencia en medio de los
musulmanes, tanto en África del Norte como en otras zonas del
continente, es un signo del Reino de Dios. Con nuestra presencia también
queremos ayudar a los cristianos a descubrir “la otra cara” del
islam.
En
España, queremos compartir algo de lo mucho que los africanos nos han
enseñado. Por eso no estamos nunca “en paro”, ofrecemos nuestras
comunidades para conocer personalmente a misioneros y compartir con
ellos. Porque la Iglesia sólo existe para anunciar la Buena Noticia,
ayudamos a mantener viva la llama misionera de la Iglesia local. Junto a
otras congregaciones misioneras visitamos parroquias, grupos, centros de
enseñanza, ONG´s.
Trabajamos
por la promoción de la Justicia, la Paz y el respeto de la Creación
colaborando con ONG's y gente de buena voluntad, al servicio de los
inmigrantes, informando a la opinión pública y sumándonos a campañas
de acción y reflexión. Invitando a las comunidades cristianas y a
nuestra sociedad a dar el primer paso hacia ellos, compartiendo los
tesoros comunes y reflexionando sobre las diferencias.
¿Adónde
vamos?
Jesús de Nazaret no vino para establecer estructuras o preparar
proyectos, vino sencilla y fraternalmente para encontrar a todos.
Nosotros, que queremos seguirle, damos prioridad al encuentro con el
otro, diferente en su cultura y en su religión. Porque encontrar al
otro es creer que Dios le ama. Encontrar al otro es amarle
gratuitamente, admirar lo que Dios hace en su cultura, buscar con él la
verdad y luchar por el respeto de sus derechos. Encontrar al otro es
perdonar y pedir perdón, es buscar momentos en que se pueda rezar
juntos.
Misioneros
Padres Blancos en el mundo
A la muerte de Carlos Lavigerie en 1892, los Misioneros de África eran
278 y trabajaban ya en Argelia, Túnez, Uganda, Tanzania, Congo y
Zambia. Hoy somos 2.000 de 32 nacionalidades y trabajamos en 23 países
africanos, en 385 comunidades internacionales.
Venimos de los cuatro continentes; 1.629 son europeos: Francia, Italia,
Alemania, Suiza, Bélgica, Inglaterra, Irlanda, Polonia, Holanda, España.
325 americanos: Estados Unidos, Canada, México, Brasil y Trinidad y
Tobago. 92 africanos: Argelia, Burkina, Ghana, Nigeria, Congo, Ruanda,
Burundi, Tanzania, Zambia, Malawi, Mozambique, Uganda, Sudáfrica; y 3
procedentes de Asia y Oceanía. En la actualidad 279 jóvenes se
preparan para ser Misioneros de África: 23 son europeos, 9 americanos,
23 asiáticos y 233 africanos.
Por
Juan Manuel Pérez Charlín
Misionero Padre Blanco
Revista
Misioneros Tercer Milenio |