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Hermanas Bethelemitas Expresión del amor y la misericordia de Jesús
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Atraídos por su vida, se unen a él varios hermanos de la Orden Tercera Franciscana, a la cual pertenecía también el Hermano Pedro. Lo toman como maestro para vivir en radicalidad las exigencias del Evangelio. Pedro fue un contemplativo de Belén y la Cruz, situando allí el eje central de su carisma. Estos dos misterios llenan su vida, lo entusiasman y lo llevan a asumir, en cuanto le es posible, las enseñanzas de Cristo y a servirle, especialmente, en los más pobres, necesitados y desprotegidos. Esos dos grandes misterios de la vida de Cristo, Pedro los ve perpetuados en la Eucaristía, que le cautiva y le lleva a pasar largas horas de adoración, encontrando en ella la fuerza para su ardua labor apostólica. Adquirió una pequeña casa, la cual pagó con limosnas, y la convirtió en el centro de acogida. Era escuela para los niños que no tenían la oportunidad de acceder a la educación. En las noches, esta humilde casita se convertía en hospital de convalecientes; a él llegaban enfermos que carecían de un lugar para recuperarse y también aquellos que el mismo Hermano Pedro recogía por las calles y a los que llevaba sobre sus hombros. Estos dos actos de misericordia, que este humilde hermano realizaba, le merecieron los títulos de “primer evangelizador” y “primera ambulancia de Guatemala”, títulos que nos muestran muy bien la enorme obra de amor y misericordia que él desarrolló con los más necesitados y desprotegidos.
La vitalidad de una joven intrépida Casi dos siglos después y cuando los avatares de la vida querían dejar en el olvido esta hermosa obra que el Hermano Pedro nos había legado, ingresa en el Beaterio de Belén la Madre Encarnación Rosal (1820-1886), una joven intrépida, con grandes ideales y deseos de santidad, que, llena de savia nueva, rescata y da vitalidad a la obra, siendo fiel al carisma fundacional y enriqueciéndolo con su propio carisma, especialmente con la devoción de reparación a los dolores internos del Corazón de Cristo. Esta experiencia de Dios acrecienta su amor y su fe, su pobreza, humildad y fortaleza. Sirve al hermano necesitado e impulsa la educación de la niñez y de la juventud en colegios, escuelas y hogares para niñas pobres y otras obras de asistencia social. La Madre Encarnación, después de una vida de entrega y sufrimientos, muere en Tulcán, Ecuador, tras su paso por el sur de Colombia, donde dejó establecidas algunas obras y desde donde se proyectó el carisma. Su cuerpo permanece incorrupto en Pasto (Colombia). Fue beatificada el 4 de mayo de 1997.
El tesoro más preciado
En España estamos presentes en Mas de las Matas (Teruel) y en Arona y Vilaflor (Tenerife), lugar donde Pedro nació y recibió los sacramentos y el ejemplo de santidad en el seno de una familia profundamente cristiana. De pastor de cabras en Vilaflor pasó a ser pastor de almas en Guatemala. En lo que fue su casa natal está construido actualmente el Santuario del Santo Hermano Pedro, lugar que acoge a muchos peregrinos que buscan la intercesión del “hombre que fue caridad”.
Un futuro más humano
En todos los países donde estamos presentes, nos esforzamos en dar a conocer y sentir el ejemplo de santidad del Hermano Pedro y de la Madre Encarnación Rosal. Es así como en nuestros centros, obras y trabajo con indígenas, entre otros, nos esforzamos en trasmitir a los destinatarios de nuestra misión el amor y misericordia con que nuestros santos fundadores quisieron hacer presente a Cristo en el momento y lugar en que les tocó vivir.
Por Hermanas Bethelemitas - Hijas del Sagrado Corazón de Jesús
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