Soy un niño de Bangladesh

 

   

Me llamo Yusef, tengo 12 años y soy un niño de Bangladesh. Vivo en Dhaka, la capital de mi país, y me gano la vida recolectando botellas de plástico y llenándolas de agua. Duermo en el muelle del puerto sobre el río Buriganga.

Bangladesh es un país muy bonito. Tiene una parte llana que se llama las tierras bajas de Bengala y una zona fértil formada por los deltas de los ríos Ganges y Brahmaputra.

 

En las tierras bajas casi todo es llano, y las colinas no llegan ni siquiera a los 50 metros. La única zona montañosa es la región de Chittagong, en el sureste de mi país, que llega a los 1230 metros.

 

Antes vivíamos cerca del río Jauma. Los ríos de Bangladesh son el centro de la vida rural de mi país. Nos dijo el profesor que si no fuera por que tiene tantos río, Bangladesh, como tiene mucho agua y está al nivel del mar, quedaría inundada bajo el agua del mar. Por eso, más de la mitad del campo se inunda una vez al año.

 

Mi país es uno de los que tiene más densidad de población del mundo. Lo malo es que hay mucha pobreza. Mi padre era agricultor y antes éramos chars, que significa nómadas. Dormíamos en una caseta que hacíamos con palos, que teníamos que quitar cada otoño antes de la crecida del río. Gracias al campo comíamos todos los días, porque mi país es uno de los más fértiles del mundo.

 

Yo soy de raza bengalí. Es la raza típica de mi país. Soy de baja estatura y tez oscura. Nuestro idioma es el bengalí, aunque en la ciudad también se habla el inglés.

Mi padre murió con el último ciclón de 2007 y nos quedamos sin sembrados porque todo se inundó, y es cuando nos fuimos a vivir a Dhaka con mamá, con mi hermana Smaile y con mis abuelos, porque mi abuelito tiene mal la pierna y  ya no podía trabajar en el campo. Como no tenemos casa, dormimos en el muelle del puerto.

 

En Dhaka vive mucha gente, dice la maestra que la ciudad está superpoblada, que yo creo que significa que somos demasiados. Dicen que en Dhaka viven unas 400.000 personas en la calle como nosotros. Cuando salimos de la escuela regresamos al puerto a trabajar. Ganamos menos de un dólar al día. Luego dormimos en el muelle del puerto. El 7% de las niñas y niños de Bangladesh menores de 14 años trabajan como mano de obra.

 

Mi abuelo tiene cerca del puerto un puesto de comida. Nuestra amiga Munni que no tiene familia y vive con nosotros también recoge chatarra para en un vertedero. Mi madre suele encontrar fruta en la puerta de una tienda y aunque está podrida la vende por poco dinero a trabajadores pobres que no pueden comprar productos frescos.

 

Gracias a unas misioneras que trabajan con gente sin casa como nosotros, vamos a la escuela para tener un trabajo de mayores. A las nueve de la mañana empieza la clase. La escuela está al aire libre. En la escuela también nos dan de comer, y nos mira un médico que nos da las medicinas cuando estamos malos.

 

A mi hermana y a mí nos encanta subirnos a los árboles. En mi país hay una tradición de contar cuentos, y en la aldea nos subíamos a los árboles para escuchar al cuentacuentos, que se llamaba Jamir. Mi madre en esos ratos cosía, y hacía telas muy bonitas típicas de mi país.

 

Nuestra comida típica se basa en el arroz, el pescado y el yute. Dicen que nuestros vecinos los indios nos llaman machlikor bangalis, que significa “bengalíes comedores de pescado”. Eso es porque tenemos muchos ríos. Solemos comer verduras fritas, dal, que es un plato que hacemos con lentejas, y shurwa, que es una salsa hecha con cebollas y especias.

 

La religión musulmana es la mayoritaria con un 83%; luego está la hindú con un 16%; y otras religiones con un 1%. Nosotros somos católicos, y queremos mucho a Jesús como nos enseñan en el colegio las misioneras. Yo de mayor quiero ser misionero para ayudar a niños que como yo no tienen casa.  

 

 

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