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Desde Larache, una bonita ciudad portuaria al noroeste de Marruecos, os escribo de parte de los niños, sus familias y todas nosotras, Hijas de la Caridad, con todo nuestro cariño y agradecimiento por vuestra labor en bien de los niños del mundo entero, de vuestra preocupación constante en favorecer la promoción y engrandecer la calidad de vida de tantos niños en los países más desfavorecidos.
Muchos granos de trigo, forman la espiga; así entre todos, también vosotros que nos ayudáis con vuestra aportación de Infancia Misionera, vamos haciendo posible que los pobres más cercanos a nosotras, en este caso los niños, puedan vivir en condiciones más dignas, así como disfrutar de una alimentación sana y nutritiva, de buena escolarización, de vestuario, calzado... mantas que les cubra y les caliente en los duros meses de invierno, como también de los medicamentos necesarios cuando están enfermos.
La inmensa mayoría de estos niños son de familias numerosas, muy humildes, algunas desestructuradas viviendo en condiciones penosas: barracas sin luz ni agua corriente. Los padres trabajan eventualmente en las faenas del mar o temporeros en el campo y el sueldo es muy reducido. Pasan también muchas temporadas en el paro sin remuneración alguna. Es por eso que nuestra casa Media Luna Roja Marroquí, de las Hijas de la Caridad, está abierta todo el día. Además de los comedores de guardería y preescolar, atendemos otros tres comedores extraescolares que acuden niños y niñas de 7 a 14 años y otro para ancianos que viven solos. 
Dado que vivimos en un país árabe y nos movemos entre musulmanes, la pastoral es diríamos, la del “buen recuerdo”. Tratamos de educar en valores comunes a todo ser humano: la acogida, el respeto, la aceptación, aprender a convivir juntos, a ser honrados y a quererse mutuamente así como a saber perdonar. Rezamos con ellos por la paz, tan deseada para todos.
Nosotras queremos estar cerca de los más necesitados, preocuparnos por ellos y sus problemas, así es nuestro compromiso de ayuda como testimonio del Amor que Jesús nos confió para prolongarlo en el tiempo. Así es como entendemos el diálogo entre cristianos y musulmanes en la vida diaria de cada día. Ellos, nuestros hermanos musulmanes, no pueden tener de nosotros otra imagen que la del compartir y la del cariño recíproco.
Que el Señor les conceda una próspero año 2010.
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