Queridos amigos, quizá os choque lo que voy a deciros de los niños de África: pensamos que son muy desgraciados, y eso en la mayoría de los casos no es cierto.
Es verdad que en muchos casos sufren, pero por motivos más importantes que nosotros.
Yo nunca les he oído decir:
“me aburro”. No tienen tiempo de aburrirse. Tampoco les oí decir:
-“tengo hambre”. Si lo no lo tienen, se ponen a buscarlo donde esté.
“No me apetece” tampoco se lo he escuchado. Lo que hay que hacer, hay que hacerlo. Siempre hay algo y casi siempre es importante para los suyos.
Nunca he tenido que decirles: “chicos, a la escuela”. Les gusta, tienen un deseo enorme de aprender. No les aburren las clases; les encantan.
Tienen poco, pero son grandes:
No tienen luz eléctrica con frecuencia, pero son luminosos. ¿No les habéis visto sonreír el las fotos? Ven en la noche aunque no tengan linterna y son capaces de dormir en el bosque sin miedo a la oscuridad.
No tienen en sus poblados parques para jugar, pero tienen unos el bosque, otros la selva y otros el desierto para su supervivencia y para disfruta. 
No tienen Internet, pero escuchan lo que pasa muy lejos y te lo anuncian, huelen las tormentas, o intuyen los oasis, o las fieras que acechan, o las plantas comestibles antes de llegar a ellas, o la aproximación de un miembro de la tribu aún muy lejano.
No llevan equipaje cuando caminan. Lo que necesitan lo encuentran, o se lo darán cuando lleguen a un poblado que no es el suyo.
No tienen apenas libros, pero aprenden sin libros las lenguas de los demás como aprenden los bebés la lengua de las personas con las que viven. Y eso, de pequeños y de mayores. Conocen el lenguaje del viento, leen en las huellas de los caminos, en la humedad del suelo, en el secarrón, en las nubes, y en el silencio. La naturaleza les habla y ellos la entienden.
¡Y TIENEN TIEMPO...! para rezar mientras caminan, para admirar la naturaleza y dar gracias al Creador, para pensar en crecer y hacerse fuertes como crecen fuertes las ramas de un obeng o un palorrojo, y para pensar que un día harán grande su pueblo y lo querrán como lo quiere Jesús.
Por estas razones nos han puesto como lema de Infancia Misionera este año: CON LOS NIÑOS DE ÁFRICA.., ENCONTRAMOS A JESÚS.
Nos ayuda mucho pensar en ellos.
Por Xavier Ilundain
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