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Quedada: Botellón navideño. Día: 25 de diciembre. Lugar: Belén. Invita: Jesús. No hace falta traer bebidas, ni drogas, ni espejismos ilusorios de paraísos artificiales. Eso sí, no os dejéis ni vuestro corazón inquieto ni esa aspiración a ser felices que llena vuestra existencia de esperanza. Yo, Jesús, saldré al encuentro de cada uno de vosotros. Llamaré a la puerta de vuestra libertad y os pediré ser acogido como amigo. Os quiero hacer felices, llenaros de humanidad y de dignidad, y os prometo, al contrario que muchas de las falsas aspiraciones que os ofrece la sociedad de consumo, no dejaros nunca abandonados en una triste soledad.
¿Cómo me reconoceréis? No llevaré ostentaciones externas: ni ropa de marca, ni coche deportivo, ni palabrería grandilocuente. Tampoco os abrumaré con mi fuerza, ni alucinaréis con mi grandeza. Me presentaré como un niño inerme y necesitado de vuestra ayuda; junto a mi padre obrero; mi madre, ama de casa; y mis amigos los pastores. Pero no penséis que, desde mi humildad, os voy a pedir cosas que cuestan mucho dinero. Tan solo pretendo vuestro amor y amistad. Ese amor que os hará escucharme para que entréis en mi sentir y pensar.
Una vez dentro de mi corazón, veréis que no pretendo que desconectéis ni os evadáis de este mundo. Al contrario, deseo que lo piséis con fuerza para emprender un viaje a mi Reino, ese que está bajo la piel del que sufre odio, violencia y discriminación; ese que se sitúa en el estomago de quien pasa hambre y sed; ese que habita en el cuerpo del que padece enfermedad, pobreza, persecución o explotación. Pero mi Reino es también el que se encuentra en unas manos agradecidas, en una sonrisa sincera, en ese "subidón" que experimenta el que ayuda a los demás –especialmente a los más necesitados–, el que trabaja por la justicia, sin ser juez, y persigue la libertad, sin caer en el libertinaje.
No dudéis en responder a mi invitación. Estad atentos a mi llamada, disponibles a ofrecer la vida al servicio de Dios y de su pueblo. Os necesitamos en este particular botellón. Vosotros, jóvenes, sois mi esperanza y la de mi gente. Por algo "esperanza" es una palabra que se conjuga tan bien con juventud.
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