Es la república más pequeña y antigua de Europa. También un Estado casi tan plenamente católico como el Vaticano. Sus orígenes se remontan a la leyenda de su santo y fundador: Marino, que en el año 301 se refugió en las laderas del monte Titano, huyendo de la persecución romana a los cristianos. En la historia milenaria de este país, los lugares de culto han tenido siempre gran importancia, un signo evidente del deseo de libertad, fraternidad y hospitalidad que siempre ha distinguido a esta tierra.

 

Por Alenjandro Fernández Pombo

 

 

Uno de los más antiguos y pequeños países del mundo es, sin duda, San Marino. Ininterrumpidamente, desde hace más de 1.500 años, ha sido una república, aunque no haya tomado oficialmente este nombre hasta mucho después. En la cuarta centuria de nuestra era, el picapedrero y ermitaño Marino había congregado en torno a él, en los montes Apeninos, al norte de la península italiana, una colectividad que trataba de defenderse de las amenazas de los romanos, los normandos o los sarracenos.

Se sabe que en tiempos remotos esta tierra estuvo habitada por hombres primitivos, pero su historia se desconoce. Los primeros orígenes son oscuros y al borde de lo legendario. Se habla, como decimos, de que en los primeros siglos llegó, desde el mar, un joven trabajador de canteras que desembarcó en Arbe, ciudad de lo que hoy es la costa italiana; poco se sabía de él: que era perseguido por su inclinación a la religión cristiana. Por su procedencia marítima se le llamó Marino y consiguió reunir una comuna o colectividad cristiana que sufrió persecución, lo que les obligó a desplazarse a la montaña de Titano donde Marino y los suyos, que cada vez eran más, se amurallaron para defenderse. Allí, en una meseta, se construyó un castillo y una iglesia. Los reunidos en torno al santo picapedrero empiezan a llamar a aquel lugar “Tierra de San Marino", después "Comuna de San Marino" y llegará a ser "República de San Marino". Hasta hoy.

Con relativa certeza se sabe que en el 751 los ocupantes del Castillo de San Marino firman un tratado con Pipino el Breve, antepasado de Carlomagno, y con el Papa Esteban II, acuerdo en el que se reconoce la independencia del diminuto Estado. Parece ser que fue en el siglo XIII cuando se autollama república y se proclama, como tal, emancipada del Vaticano, aprovechando las guerras entre Urbino y Rimini. Se da el nombre del Papa Nicolás IV como el que reconoció su independencia en 1291.

 

La república más antigua

En el siglo XI se había construido la primera torre, la Guaita; más tarde, en la misma montaña del Titán, se edificaron otras dos: la Cresta y la Montale, y se asegura que en 1463 se fijan las fronteras que se respetan hasta la actualidad, fronteras que no tienen apenas obstáculos físicos que separen la Serenísima República de San Marino de la República Italiana en la que está incrustada. Siempre se ha dicho que es la república más antigua de Europa, y aun del mundo. En pocas y breves ocasiones fue ocupada militarmente y por tan poco tiempo que las invasiones quedaban en anécdota que acreditaba la libertad: en 1503 César Borgia, que andaba haciendo la guerra, quiso, inútilmente, ser señor de San Marino. Dos siglos más tarde, en 1739, el cardenal Giulio Alberoni se encaprichó del singular paraje; pero los sanmarinenses acudieron al Papa de turno y el Pontífice llamó al orden al purpurado.

En el siglo XV se había aprobado la Constitución que instituye el Gran Consejo de los 60 que representa a los tres estamentos de nobles, burgueses y campesinos. Para entonces Roma había reiterado sus reconocimientos aunque en los siglos XVI y XVII todavía San Marino tiene que defender por las armas o por las negociaciones esa independencia que mantiene incluso hasta cuando Bonaparte ocupa Italia. También admite al centenario Estado el Congreso de Viena al reconstruir, en 1815, el mapa de la Europa posnapoleónica. Así mismo, cuando Italia se constituye en nacionalidad, primero en república y luego en reino, reconoce el Estado de San Marino, que por cierto acogerá al republicano Garibaldi, que tanto había luchado por la unidad republicana de Italia cuando se establece la monarquía; y cuando la monarquía vuelva a ser república, después de la Segunda Guerra Mundial, San Marino seguirá con su independencia.

Conviene decir que al comenzar el siglo XX, en 1906, se crea el Gran Consejo Electoral, que da fuerza al gobierno del pequeño Estado. Fuerza que le permite resistir la presión que ejerce el fascismo musoliniano, aunque tenga que sufrir otra breve ocupación de la Alemania nazi en las postrimerías del final de la Guerra. Pero muchos miles de italianos habían salvado su vida refugiándose en San Marino o escapando desde allí. El largo y brillante historial sanmarinés supone su ingreso en la ONU en 1992.

 

Un Estado montañoso

Los 61 Km2 de la superficie de San Marino forman un rectángulo irregular. Su relieve es predominantemente montañoso; hay una serie de colinas y en el centro la mayor altura, la del monte Titano, que alcanza los 750 metros sobre el nivel del mar, que está a unos 10 Km.; en la ladera se sitúa la capital y población más importante, con el mismo nombre que la república. Los límites de San Marino son las fronteras de dos regiones italianas. Al noreste Emilia Romanía, y al suroeste Martas-Montefeltro. Los ríos que cruzan de este a oeste el territorio son Maraño, Ansa y San Marino.

La vegetación más abundante es la propia del Mediterráneo: olmos, robles, pinos, abetos, álamos... La fauna más característica es de zorros, martas, tejones, erizos, liebres... así como innumerables variedades de pájaros autóctonos y aves de paso.

La población de San Marino está en torno a los 30.000 habitantes, aunque hay muchos sanmarinenses que viven fuera de su patria, sobre todo en Italia. También hay bastantes italianos que residen hace tiempo en San Marino y, si lo desean, tienen derecho a la nacionalidad de este Estado. El nivel de vida es más bien alto.

La población laboral se ocupa principalmente en el sector de servicios, como funcionarios y como mantenedores del turismo que acude diariamente en un número semejante al de la propia población de la República y aun superior, por lo que son abundantes los hoteles y los restaurantes. Las iglesias, los antiguos castillos y el aspecto tradicional de muchas de sus calles y casas son los objetos de las visitas, como también la adquisición de objetos de la rica artesanía.

 

Buenos anfitriones

De los sanmarinenses de la capital ha escrito Fabio Marcelo Munguia que "son buenos anfitriones, hospitalarios, orgullosos de su historia y amantes del patrimonio que posee esta tierra. Al cruzar la puerta de San Francisco, las antiguas casas del casco viejo nos transportan a la Edad Media, un viaje en el tiempo que les hará recordar siempre su paso por estos lugares".

Un triple cerco de fortificaciones, "un verdadero laberinto de murallas, puertas, baluartes y torreones", encierran a callecitas y pequeñas plazas, en las que los viejos edificios de rojos tejados conservan el aire de una ciudad de otros tiempos.

En la capital, debe visitarse el castillo de la Guaita del siglo X, la Puerta Principal, el puente levadizo, la torre cuadrada, la gran fortaleza de la Cresta o Frattta del siglo XIII (hoy museo de armas), así como el museo de automóviles antiguos...

Como instituciones monumentales merecen especial atención la Basílica del Santo y el Palacio de Gobierno.

La Basílica se alza junto a la iglesia de San Pedro, y parece que se debe a una donación del siglo XII, aunque el edificio actual es del siglo XIX y responde a un solemne estilo grecorromano; en la capilla colindante se encuentran los restos del Santo que da nombre a la república y restos de la cueva que habitaba; fue aquí donde Juan Pablo II se detuvo, en su visita de agosto de 1982, para orar ante las reliquias de San Marino.

El Palacio del Gobierno es la residencia oficial de los capitanes, edificio del siglo XV. Su interior es un compendio de símbolos y reconocimientos que guardan los más brillantes momentos de su historia. El palacio está en la Plaza de la Libertad y junto al Palacio está la estatua blanca de la Libertad, el símbolo más querido de los habitantes de San Marino.

Además de la capital hay en el Estado otras ocho ciudades, llamadas castillos: Acquaviva, Borgo Maggiore, Chiesanuova, Domagnano, Faetano, Fiorentina, Montegiordano y Serravalle.

 

Poco espacio, pero bueno

Antes nos hemos referido al alto nivel de vida, que es lo mismo que decir que la economía de San Marino está saneada. ¿De qué recursos dispone? El primero y con diferencia es el turismo. En la época veraniega puede decirse que hay muchos días en que San Marino recibe tantos turistas como habitantes, lo que muy pocos países podrán decir. Los habitantes de la república dicen que "San Marino se ha convertido por derecho propio en el país mas visitado del mundo, en relación con el número de sus habitantes".

La actividad agrícola es pequeña y principalmente vitivinícola, y la industria, también en menor escala, se limita a las fábricas de cemento y de productos textiles. Por último, en esta microeconomía, no podemos olvidar que muchos sanmarinenses trabajan fuera, sobre todo en Italia; las remesas abundantes inclinan, junto con el turismo, al lado favorable la balanza de pagos, lo que compensa el déficit comercial con el extranjero.

Conviene decir, al menos como curiosidad, que en los ingresos totales del país la venta de los productos del Ufficio (sellos, monedas, tarjetas filatélicas, etc.) superan el 4%.

El sistema de gobierno es el democrático parlamentario con partidos que de alguna manera reflejan las tendencias políticas de los italianos y se alternan en el poder: progresistas, democristianos, socialistas, comunistas... El poder legislativo es ejercido por el Consejo Grande y General que le forman 60 miembros que son elegidos cada cinco años en elecciones generales; diez de sus miembros forman a su vez parte del Congreso del Estado que desempeña el poder ejecutivo. Este Congreso está encabezado por dos Capitanes, regentes elegidos para seis meses, los días primero de abril y primero de octubre. Desempeñan de manera conjunta este cargo con carácter de jefes de Estado y de Gobierno.

 

Religión católica

Todas las informaciones que se ocupan de este tema apuntan a que el noventa y tantos por ciento de los habitantes de San Marino son creyentes católicos. Si a esto se añade que es un Estado creado por un santo y que tiene como nombre el de ese santo fundador, podremos decir que es tan plenamente católico como El Vaticano, que no está tan lejos, y es todavía más reducido en extensión y habitantes, aunque suponemos que con más porcentaje de practicantes. Las estadísticas vaticanas reflejan la existencia de 12 parroquias y otros 13 centros religiosos.

 

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