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“En mi corazón hay dos inquietudes: una es que busco a Dios y nunca acabo de encontrarlo, la otra es que no pasa día en que no me vengan a la mente las personas que no tienen comida, ni casa, ni salud, ni futuro... hermanos míos... cuando yo tengo más de lo que necesito. Estas dos inquietudes que yo pensaba que eran distintas quizá tengan la misma respuesta: «Lo que hicisteis a uno de éstos, a Mí me lo hicisteis»". Este testimonio personal de una de las voluntarias del grupo misionero "A Mí me lo hicisteis" da cuenta de lo que mueve cada verano a quienes lo integran para salir hacia la misión o para apoyar todo el año con la oración a los misioneros. Según explican ellos mismos, se trata de "compartir ilusiones y sueños para crear un camino común en busca del necesitado".
El deseo de estos jóvenes –que saben que van a recibir más de lo que pueden dar– es que "el dolor de los demás nos toque el corazón y nos ponga en movimiento". Íñigo, un profesor de 38 años, miembro del grupo, afirma que "desde la fe esto cobra un sentido especial y te hace vivir el Evangelio en el día a día, junto a los más necesitados". María, estudiante de Medicina de 20 años, cree que "teniendo los medios para estar más cerca de Dios es más fácil darte a los demás", por eso le gusta pertenecer a este grupo que "no es solo de voluntarios, sino de misioneros, sacando la fuerza de la oración y transmitiendo el amor de Dios a los que lo necesitan".
Algo que la gente de "A Mí me lo hicisteis" ha tenido claro desde el principio es que "los ratos de oración y de diálogo" son una condición necesaria para poder ir luego a la misión. Para estos jóvenes, esos momentos son una preparación interior "para el encuentro con Cristo en los pobres, los enfermos y los moribundos" en India, Honduras, Kenia o cualquiera de los países vinculados a la Delegación de Misiones. María, por ejemplo, estuvo trabajando con las Misioneras de la Caridad en Kalighat (India), en una casa de enfermos terminales en la que "ayudábamos a lavar la ropa, los platos, darles la comida, medicamentos y fundamentalmente estar con ellos y trasmitirles cariño". Esta estudiante de Medicina comprobó que tenían razón quienes le decían, antes de ir, que no iba a hacer grandes cosas. “Tenían razón, porque en muchos casos esas personas enfermas no se curan, incluso mueren; pero mueren felices, sintiéndose queridas; merece la pena conseguir que una persona sepa que no está solo y que es valiosa en medio de su sufrimiento".
Antes de que llegue el tiempo de la "movida" misionera durante las vacaciones, los jóvenes maduran su decisión poco a poco, durante el año, con una reunión mensual los segundos viernes de mes y un retiro anual. La "estrategia" misionera también se cuida mucho; por eso, antes de partir a sus destinos, este grupo tiene una reunión en la que les ofrecen la información básica sobre el trabajo que van a realizar y se explican detalles del país al que irán (costumbres, horarios, vacunas necesarias, etc.) Los costes del viaje son cubiertos por cada voluntario pero es la Delegación de Misiones la que asume el coste de la estancia.
A su regreso, los jóvenes misioneros no olvidan su experiencia, por eso realizan actividades para dar a conocer lo vivido intentando contagiar su entusiasmo a otros amigos. Salomé, a su vuelta de Calcuta, dijo que "es difícil de explicar, pero Calcuta le pone a cada uno su propio corazón delante de los ojos... y no deja indiferente... ni lo que una conoce de sí ni lo que conoce de Calcuta..." y agradeció "el trabajo constante, callado y tremendamente fuerte y tierno a la vez" de las Misioneras de la Caridad. Para Íñigo, "estas experiencias deberían formar parte de nuestro sistema educativo, pues qué mejor forma de educarse que conocer cómo vive la gran mayoría de este mundo…, después de esto, la vida se ve de otra forma mucho más real y bonita". Por su parte, María tiene más claro que "está llamada a darse a los demás, en el ámbito que sea" y aunque siempre ha querido ser médico "para ayudar", añade un nuevo matiz: "para ayudar a los que más sufren, a los que nadie quiere, a los que no consideran útiles". Ahora, cuando está cansada o no le apetece estudiar y piensa en las personas con las que estuvo, dice: "Agradezco todo lo que tengo, la oportunidad de levantarme cada día, ir construyendo lo que quiero".
La Delegación de Misiones es consciente de que ha asomado un nuevo "signo de los tiempos": la "demanda cada vez más numerosa de jóvenes que se ponen a disposición para colaborar en proyectos sociales y acercarse a las realidades del Sur". "A Mí me lo hicisteis" surgió precisamente como una oportunidad para dar cauce a sus inquietudes, "construyendo una red de solidaridad y la posibilidad de un intercambio entre las diferentes culturas". Estos jóvenes saben que "no tienen que hacer nada para que Dios los ame, pero tienen que hacer todo porque Dios los ama".
Supergesto, nº 99, marzo-abril 2011
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