OMPRESS-HAITÍ (6-11-20) Fue el 12 de enero de 2010 cuando Haití sufría el peor terremoto de su historia que causó 300.000 muertos y dejó a un millón de haitianos sin hogar. La respuesta de la Iglesia brasileña se cristalizó en un proyecto conjunto de varias congregaciones misionera. En este año 2020 se cumple una década de existencia de este proyecto de colaboración misionera entre la Iglesia de Brasil y la Iglesia de Haití. El “Proyecto de Solidaridad Intercongregacional” surge de la acción conjunta de la Conferencia Episcopal Brasileña, la Conferencia de Religiosos de Brasil, la archidiócesis de Puerto Príncipe y la Conferencia de Religiosos de Haití. El proyecto nació para ser una presencia solidaria, acogedora y evangelizadora en Haití, insertándose en la reconstrucción y vigilancia de condiciones dignas para las personas más pobres. Y es que el terremoto fue una tragedia tan grande que aún hoy marca el día a día de los haitianos. De hecho el país que ya era uno de los más pobres del mundo, con situaciones de pobreza extrema, quedó aún más devastado.

La hermana Fátima Kapp contaba que el primer equipo misionero llegó a Haití unos siete meses después de la tragedia, formado por tres hermanas. A partir de entonces se fueron turnando numerosas misioneras brasileñas de diferentes congregaciones que se integraban en esta comunidad misionera. Nada menos que misioneras de 17 congregaciones distintas han estado presentes en estos diez años. En la actualidad son cuatro las hermanas que siguen adelante con el proyecto en una comunidad extremadamente pobre de las afueras de Puerto Príncipe. Allí contribuyen a la formación de líderes; alfabetización de mujeres, cocina comunitaria, asesoramiento psicológico, talleres de arte, música y teatro; talleres de corte y confección; panadería y pasta; formación de adolescentes y jóvenes. A esto hay que sumar los cuidados nutricionales de 50 niños en grado extremo de desnutrición.

Como explica la hermana Fátima, el enfoque del proyecto es dar protagonismo a los propios haitianos, especialmente a las mujeres, con pequeñas acciones efectivas de generación de ingresos. “Representa un rostro misericordioso y acogedor. Representa esperanza para los desesperados y compasión para los maltratados, especialmente mujeres y niños”, destaca la hermana.