OMPRESS-BRASIL (4-12-17) Ronaldo Osmar, acusado de ordenar la muerte de Vicente Cañas en abril de 1987, ha sido condenado a 14 años y 3 meses de cárcel. Ronaldo Osmar era el delegado de la Policía Civil de Juína, localidad donde tuvo lugar el crimen.

“No es una coincidencia que un hombre flaco, barbudo, haya sido martirizado por la demarcación de las tierras indígenas. La historia se repite desde hace más de dos mil años”. Vicente Cañas, el misionero español que se convirtió en Enawene Nawe – la tribu que lo acogió – estaba desnudo cuando fue cobardemente asesinado, explican desde el CIMI, el Consejo Indigenista Misionero de Brasil. Desnudo, en el sentido más pleno de la afirmación, porque se encontraba sin protección alguna. Convertido en víctima de la codicia.

El procurador del Ministerio Público Federal de Brasil, Ricardo Pael, señalaba que la causa era de la sociedad, de la justicia y de la memoria. “La importancia de este juicio va más allá de Brasil y del Mato Grosso. Este juicio trae a la memoria la historia de colonización del Brasil, que fue violenta. La policía del lugar del asesinato, responsable de la investigación, eludió su función. Dejando de lado el relato de violencia y la realidad. Ningún ‘fazendeiro’ fue investigado en aquella época”.

Y es que han pasado 30 años del asesinato. El jesuita Vicente Cañas, cuyo nombre indio era Kiwxí, convivió durante décadas con varias poblaciones indígenas – indios Tapayuna, Paresi, Mÿky y Enawene Nawe –. Defendió las tierras indígenas frente a los hacendados que querían apropiarse de ellas luchando porque el gobierno brasileño fijara una demarcación oficial de las mismas, algo que se consiguió después de su muerte. En abril de 1987 fue asesinado, pero el primer juicio sobre su causa no se celebró hasta 2006, 19 años después del crimen y los acusados fueron absueltos por falta de pruebas.

La primera condena por su asesinato ha sido un consuelo para los indígenas que le quisieron, para el mundo misionero y, sobre todo, para sus familiares: “Esto abre un precedente impresionante en el país para los juicios de impunidad contra los pueblos indígenas”, decía la sobrina del misionero, Rosa Cañas. “Después de tantos años de espera, es una gran alegría saber que Vicente, mi tío, seguirá con su camino de protección de los pueblos gracias a su juicio”.