OMPRESS-REPÚBLICA CENTROAFRICANA (1-04-20) Desde Bangassou, su obispo, Juan José Aguirre, habla, en una breve comunicación, del confinamiento por el coronavirus y recuerda las otras plagas que ya sufren desde hace años. La diócesis de Bangassou se encuentra en la frontera con el Congo, en una zona donde la guerra, la violencia, los refugiados han estado al orden del día año tras año.

El misionero comboniano cuenta que “en Centroáfrica hay solo cinco casos, todos importados, pero el país ya se ha amurallado, ha cerrado el aeropuerto y las fronteras y en las diócesis estamos en confinamiento de reuniones, escuelas y colegios, celebraciones, encuentros… y estamos poniendo el práctica todas las medidas higiénicas para poner freno a una pandemia que aun no ha llegado. Ojalá que así no llegue a entrar, porque mercados y confinamientos aquí no se pueden cerrar. Si el mercado se cierra la gente no come y se muere. No vende y también se muere. La vida no se hace nunca en el interior de la casa, una choza de pocos metros para muchas personas… se hace todo fuera, la vida se hace en la calle, en los laterales de las calles. Ojalá que los cinco casos, puestos todos en confinamiento, nos eviten lo peor”.

“Lo que no se ha parado aún es otro ‘coronavirus’ peor, más mortífero, que es el que nos imponen 14 señores de la guerra que nos están pisoteando Centroáfrica sin pausa y que causan grandes tribulaciones a la sociedad, a la pobre gente, en campos de desplazados que, como agujeros negros, engullen a miles de personas vulnerables que, ahora, con muchos humanitarios en alerta, no tendrán lo mínimo para vivir. El coronavirus del hambre es también horrible, el de los abusos sobre los derechos fundamentales de las personas es diario y muchas veces también mortal”.