OMPRESS-NAMPULA (6-03-20) Se cumplen 25 años de presencia constante de misioneros brasileños en dos parroquias de la archidiócesis de Nampula, en Mozambique. Dado el tamaño de Brasil, la Iglesia se coordina a través de 18 subdivisiones. Fue la más al sur de estas subdivisiones, la de Rio Grande do Sul, la que hace 25 años se comprometió a ayudar a la Iglesia de Nampula enviando misioneros, tanto laicos como religiosos y sacerdotes.

Su labor se centra sobre todo en dos parroquias de Nampula, en los distritos de Moma y Larde. Allí los misioneros brasileños trabajan en la organización parroquial, la animación de ministerios y servicios, la promoción de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa y la formación de catequistas.

La misionera laica Victoria Holzbach, escribía con motivo de este aniversario: “Desde su nacimiento, la misión en Mozambique se ha centrado en la realidad de la población local y su relación con la cultura macanesa (la cultura del pueblo macua). La actividad de los más de 60 misioneros enviados a Mozambique, en estas décadas, siempre ha buscado insertarse en la vida de las personas, en función de su cultura y costumbres, buscando aprender el idioma, comprender la organización social y comunitaria y valorar a los líderes locales”.

En este camino en común recorrido por Rio Grande do Sul y la archidiócesis de Nampula, continúa Victoria, “los misioneros desarrollaron muchas intervenciones, siempre teniendo en cuenta el contexto social de la población y sus necesidades más urgentes”. Así apoyaron la construcción de cisternas para recoger agua de lluvia y paliar la falta de agua; potenciaron asociaciones para potenciar el empleo local; desarrollaron proyectos sanitarios; y consolidaron el acceso a la educación para niños, jóvenes y adultos.

En la actualidad, el equipo misionero está formado por dos sacerdotes y dos laicas que acompañan a las dos parroquias de Nampula, que engloban a cerca de 150 comunidades. Victoria cuenta que el tiempo que estuvo allí – desde septiembre de 2016 a finales de 2019 – ha sido un tiempo en el que ha aprendido “a percibir, en compañía de la gente de Macua, el don de transformar la angustia en esperanza, mientras se sentaba a la sombra de los anacardos y los mangos, caminaba por sus senderos y compartía su comida”. Y concluía “el amor a la misión siempre compromete. ¡Atrevámonos a amar!”.