OMPRESS-PERÚ (3-09-20) Carmen Molina García ha cumplido 83 años y ha dedicado 50 de estos años a compartir la vida con los pueblos originarios de la cuenca amazónica del Perú. La misionera, de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, escribe a las Obras Misionales Pontificias para contar cómo ha vivido entre los awajun y wampis, etnias del grupo jíbaro, en la Amazonía peruana, por la zona del río Marañón y sus afluentes Santiago, Cenepa y Nieva. Ahora, ya mayor, vive en una comunidad en Lima.

“Allí tengo mis raíces”, cuenta la hermana Carmen, “allí experimenté la riqueza que ofrece el Dios Encarnado para una misionera. Hacerse una de tantos por amor… Allí he tratado de compartir la vida dando y recibiendo… sufriendo con los que sufren y gozando con los que gozan. Su cultura, sus mitos, su cosmovisión me ha enriquecido. Me ha ayudado para entrar en ese proceso de inculturación tan esencial para hacer presente el Reino. Para que les llegue el amor que Dios les tiene de manera que lo puedan acoger como Buena Noticia para sus vidas”.

“Ahora, a mis 83 años. Me encuentro en Lima agradecida por todo lo vivido y acompañándoles con el corazón en sus luchas por conseguir todo a lo que tienen derecho y merecen como hijos de un mismo Padre y como pueblo Indígena”.

Esta hermana murciana, natural de La Ñora, tomó la decisión de convertirse en misionera a los diecinueve años, motivada por el ambiente que había vivido en las jornadas del DOMUND y que, según explica Carmen, le movió a la vocación y a su vida misionera, una vida en la que ha compartido el día a día de los pueblos originarios del Perú: “No llegamos a penetrar en toda la profundidad de su vida, pero la compartimos. Es un límite que vivimos sabiendo que realmente allí nos quiere Dios y allí estamos”, buscando “llegar a sentir como ellos sienten, para evangelizar desde sus costumbres y estilo de vida”.