OMPRESS-NIGERIA (20-05-20) La semana pasada se hacía público el informe de una ONG interconfesional nigeriana que ha hecho la triste lista de cuatro meses de asesinatos, quema de Iglesias y persecución de la fe cristiana. El informe, publicado por International Society for Civil Liberties and the Rule of Law (Intersociety), una entidad sin ánimo de lucro fundada en 2008 en Nigeria para promover las libertades civiles, habla de 620 personas asesinadas desde el comienzo de año en la nación más poblada de África. Los principales grupos yihadistas islámicos de Nigeria, los pastores Fulani y Boko Haram, han intensificado su violencia anticristiana en la zona del Middle Belt – el cinturón de transición entre el norte y el sur de Nigeria – y en el nordeste del país.

“Las atrocidades contra los cristianos no han sido controladas”, explica el informe, “por las fuerzas de seguridad del país y los actores políticos han estado mirando hacia otro lado o en colusión con los yihadistas”. Intersociety decía que, a pesar de representar casi la mitad de la población del país, unos 32.000 cristianos han sido asesinados en ataques islamistas desde 2009. Desde principios de año, se han intensificado los ataques, que incluyen también secuestros, y recuerda, como ejemplo, el secuestro de cuatro seminaristas por hombres armados en el Seminario del Buen Pastor, en Kaduna. Diez días después, uno de los cuatro seminaristas fue encontrado vivo pero gravemente herido, dos fueron liberados y del cuarto nada se sabe.

La Iglesia no ha dejado de elevar su voz. En marzo, era el arzobispo de Abuja, Mons. Ignatius Kaigama, quien pedía al presidente Muhammadu Buhari que afrontara esta violencia y los secuestros. El Miércoles de Ceniza, en una carta a los católicos nigerianos, el arzobispo de Benin City, Mons. Augustine Obiora Akubeze, pedía a los católicos que vistieran de negro en solidaridad con las víctimas y que rezaran por ellas. Ha habido aldeas cristianas atacadas, granjas incendiadas, vehículos a los que se dispara, hombres y mujeres asesinados y secuestrados, mujeres tomadas como esclavas sexuales y torturadas, en un “patrón” identificable, señalaba el arzobispo, de hostigar y atacar a los cristianos.