OMPRESS-CHAD (6-04-20) El misionero jesuita menorquín Manolo Fortuny escribe desde su misión, en Kyabé, en el sur del Chad, contando cómo se prepara el país a la llegada del coronavirus: “Kyabé 3-04-20 (viernes). Me pongo a escribir sin saber por dónde empezar. Hace tiempo que no comento cosas pero el dichoso virus que llama a las puertas de este país está suponiendo un revolcón muy grande en todos los aspectos de la vida social, especialmente en las ciudades donde la gente tiene medios para recibir información directa de lo que os ocurre en Europa.

Desde hace dos semanas, el gobierno está lanzando una campaña informativa que llega a las ciudades a través de la televisión pero que no llega a los pueblos. A nosotros nos llega a través de la tele, y a través de internet. Esta información apenas compartida con la gente de a pie hace que me sienta viviendo como en una pesadilla, de la que despierto a ratos y pienso que no es posible que llegue lo que nos anuncian por la entrada del virus que tantos estragos ha hecho entre vosotros y que aquí no se portará mejor por la pobreza inmensa de medios que tenemos para hacerle frente, y porque todas las medidas que nos proponen son medidas sencillas pero imposibles de asumir pues son contraculturales. Hemos comenzado a hacer algo, pero resulta muy violento para la gente el no saludar dando la mano. Los niños a partir de los dos años levantan la manita para saludarte. ¿Cómo conseguir abandonar la tradición multisecular de la comida que siempre se sirve en dos recipientes, uno el de la boule y el otro el de la salsa, donde cada uno de los comensales (siempre con la presencia de alguien de fuera de la familia) sumerge su pellizco de pasta antes de llevárselo a la boca? Si nos llega el virus, ¿cómo vivir el confinamiento en las familias de Kyabé, en cuyos barrios están siempre retozando revueltos los niños, y más ahora con las escuelas cerradas por orden gubernativa? Nuestras casitas de barro y paja no tienen ni ventana ni balcones. La casa rural chadiana es una estancia sombría donde entras durante el día a buscar o dejar algo y donde entras de noche para dormir. Nunca es un lugar donde puedas reunirte en familia para hablar, eso se hace a la sombra del árbol más cercano. ¿Cómo conseguir que en la vida social la gente observe lo de mantenerse a un metro de distancia cuando se está con un continuo roce de cuerpos? Cuando te invitan a tomar un té, un pequeño banco de tres plazas se convierte poco a poco en uno de 6 plazas, que refleja mejor la experiencia del gozo compartido.

Y si finalmente llega el virus, ¿cómo conseguir que la gente no acuda masivamente a los actos fúnebres que se prolongan durante varios días? Y ya lo imposible de conseguir es que los cadáveres sean incinerados: ‘Eso se hace solamente con los perros’. De momento, oficialmente existen 7 casos de infectados declarados por las autoridades sanitarias, aislados en un centro abierto en un barrio de la capital. El caso más comentado, el primero, fue el de un magrebí que procedente de Douala (Camerún) llegaba a N’Djamena en avión, dio una conferencia en algún local y moría dos días después, ¿verdadero o falso? El gobierno sabe que es decisivo controlar las entradas de quienes llegan a este país. Ayer las noticias de la radio Lotiko eran de que había ya 7 casos declarados. Esta mañana la radio anunciaba que todos los pasajeros que entren por la frontera sur con Camerún serán automáticamente enviados al hospital de Moundou para hacerles los correspondientes análisis. Las autoridades sanitarias saben que no tienen medios de hospitalización si entra el virus masivamente y por tanto, todo el esfuerzo se está poniendo en el control de las entradas y los desplazamientos. En este momento hay toque de queda en 5 ciudades del país, comprendida la capital por supuesto.

Nuestro nuevo Provincial de la PAO (Provincia de África Occidental) que abarca 14 países africanos nos acaba de mandar una carta para prepararnos a la recepción del virus. Los datos y recomendaciones que propone, desde el área rural en la que trabajamos, me resultaban anoche escalofriantes. No voy a entrar en detalles, pero son los mismos que tenéis vosotros en los confinamientos más severos. El lunes tendremos una reunión en nuestra casa para ver cómo reaccionamos cada uno, y qué es lo que podemos hacer juntos si llega el virus a nuestra puerta. Estamos a 100 km de Sarh: ¿tendremos que preparar una buena reserva de alimentos no perecederos, para evitar que nuestra querida cocinera mamá Kétema de 63 años no tenga que ir al mercado cada día? ¿Será posible conseguir que Kétema use la mascarilla mientras esté en la cocina y cuando vaya al mercado? El patio de nuestra casa, donde todo el mundo ha venido siempre que ha tenido una necesidad, si llega la epidemia ¿tendrá que ser en adelante un lugar de acceso restringido? Pero lo más importante para mí, si llega la epidemia, es con qué espíritu, con qué talante debemos permanecer y estar donde estamos. Quisiera mantener el equilibrio que ahora deseo tener entre la salvaguarda de las medidas personales recomendadas por las autoridades sanitarias, y el espíritu abierto a las acciones de servicio que se puedan realizar en favor de la gente. En Sarh, Miguel Ángel Sebastián el obispo de la diócesis, llevó adelante una campaña de fabricación de mascarillas protectoras. Las comunidades de Sarh dedicaron varios días a fabricar un prototipo de mascarilla con el material que se podía encontrar en los almacenes de la ciudad. ¿Tendríamos que hacer lo mismo en Kyabé? El miércoles quisiera ir a Sarh y encontrarme con los que las han confeccionado para ver si consigo ideas prácticas para hacer algo parecido. A la vez tendremos que ver qué lista de provisiones hay que preparar para dicha visita a los almacenes de Sarh. Lo que es un verdadero lío es lo de tener a mano algún remedio medicinal que dar ya sea para prevenir, ya sea para tratar los primeros síntomas de alguien cercano a nuestra casa. Entre los más cercanos se habla de que el Sulfato de cloroquina sería un posible remedio, y otros hablan de la ya conocida Artemisia que va resultando un “remedio para todo” utilizada también por los chinos, claro. La cultura local es muy propensa a inventar remedios caseros, especialmente en ocasiones como ésta en que una epidemia desconocida se presenta de pronto con efectos devastadores.

Hace 4 días contacté con Leopoldo Labrín médico en Goundi y me decía: ‘Espero que estés bien: acá hasta el cuello con epidemias de meningitis, sarampión y esperando a ver qué pasa con el covid-19, salvo que no estemos ya en medio sin saberlo’. Ya veis cómo estamos, en un momento crucial para grandes cambios que pueden llegar a Kyabé, y al país, claro. El gobierno tiene que decidir en unos días si reabre las escuelas o ya da el año por terminado. El ambiente no es nada propicio. Os deseo lo mejor para que salgáis de ésta con fuerzas para abordar la nueva realidad del país”.