OMPRESS-CIUDAD REAL (12-06-18) Con motivo de la celebración en Ciudad Real del Día del Misionero Diocesano, Mons. Gerardo Melgar ha escrito a los 80 misioneros de su diócesis:

Queridos misioneros y misioneras de esta Diócesis de Ciudad Real, que habéis entregado vuestra vida al Señor al servicio de la evangelización de los hombres y mujeres de lugares lejanos a nosotros (…) Quiero enviaros en primer lugar mi más cordial y afectuoso saludo como Obispo de vuestra diócesis de origen a todos cuantos lejos de vuestra tierra y de vuestra patria, gastáis y entregáis vuestra vida por hacer presente a Cristo y su mensaje allá donde el Señor os ha llamado, para hacerle presente a Él a gente que no le conocía y lo va a conocer a través vuestro.

Nosotros, desde aquí, y desde la situación creyente de España en la actualidad y por la que están atravesando nuestras comunidades cristianas, entendemos mejor lo que cuesta hoy hacer realidad la evangelización.

La situación por la que estamos atravesando aquí, está siendo también muy difícil, yo diría cada vez más. Cada día el mensaje de comodidad, de poder y de tener, de pasarlo bien a costa de lo que sea que predica la sociedad, en la que no tiene cabida Dios, se va generalizando más y nuestra acción evangelizadora se complica a grandes velocidades, de tal manera que ya no sirve lo de siempre ni mucho menos.

La sociedad ha cambiado tan radicalmente, que pide de nuestras comunidades más autenticidad, de nuestras parroquias no hacer lo mismo de siempre, sino lograr un nuevo tipo de parroquias y de nosotros como evangelizadores una verdadera conversión personal y pastoral.

Dios es hoy y en esta sociedad actual nuestra, el gran ignorado y el gran silenciado incluso en los ambientes cristianos. Esto pide de nosotros ser testigos muchos más valientes, convencidos y convertidos, que conociendo las metas de la mundanidad, ofrezcamos a todos el mensaje auténticamente liberador que es el de Cristo y empeñemos nuestra vida con una total y absoluta entrega a llevar el mensaje salvador de Cristo al corazón del mundo, que decía San Juan Pablo II.

Vosotros por esos mundos de Dios y no menos nosotros aquí en nuestra patria, en nuestros pueblos, en nuestras comunidades y en nuestras familias, necesitamos que la fuerza del Espíritu nos impulse de manera decidida y sin tregua, a la tarea evangelizadora.

Para ello necesitamos que la llama del espíritu prenda y encienda nuestros corazones para seguir dando lo mejor de nosotros mismos en favor de la misma. En vosotros encontramos ilusión, ardor y estímulo para cumplir nuestra tarea aquí y ahora, desde vuestro testimonio personal y evangelizador. Que el Señor nos siga ayudando para que acertemos a presentar el mensaje de Jesús al hombre de hoy, para que se encuentre con Él, se convierta y el Señor le dé la salvación”.