OMPRESS-MOZAMBIQUE (17-03-20) Los más pobres de Mozambique fueron los más afectados por la destrucción que empezó a desencadenarse el 4 de marzo de 2019 y que no pasaría de largo hasta el 21 de marzo. A un año de Idai, el gran ciclón tropical que devastó el país, la situación sigue siendo difícil, sobre todo por la falta de alimentos. Muchos de los 1,8 millones de personas que vieron afectadas sus vidas no han recuperado una normalidad que ya era precaria antes del ciclón.

Mons. Claudio dalla Zuanna, obispo de Beira, hacía balance de la situación en una entrevista con la agencia católica portuguesa Ecclesia. Beira, en la costa central de Mozambique, sufrió de lleno la entrada del ciclón Idai en el país el 14 de marzo, pues fue cerca de esta ciudad donde tocó tierra, provocando una devastación increíble. Meses de lluvia cayeron en cuestión de horas, con inundaciones masivas que dejaron comunidades enteras sumergidas bajo diez metros de agua.

“La normalidad”, señala Dom Claudio, no ha vuelto; se retrasa porque “no hay muchos recursos para poder reconstruir las casas, sobre todo de la gente sencilla”, pero aún así tienen la actitud y el empuje de seguir adelante. Este misionero argentino, que está al frente de la diócesis desde 2012, explica que la gente necesita “perspectivas de vida, como posibilidades de trabajo”, en una población que, en el último censo, en el 2017, tenía un 45% de menores de 14 años. Las infraestructuras como la red eléctrica o las carreteras se han ido recuperando. En Beira la Iglesia lleva adelante una red educativa con más de 10.000 alumnos, por lo que se dio prioridad a la reconstrucción de las escuelas católicas.

“Como respuesta a las necesidades del ciclón Idai”, explica Mons. Claudio, “todas las parroquias están equipadas con lo que llamamos ‘activistas de la caridad’, personas que se formaron para analizar la situación y distribuir ayudas. Pero también nacieron grupos de misioneros laicos en todas las parroquias, con actividades para llevar no sólo bienes materiales, sino también el Evangelio”. Un año después las parroquias están más vivas y muchos son los laicos que han asumido la responsabilidad de ser testigos de la palabra y de la caridad del Evangelio.