OMPRESS-ROMA (26-10-2020) La Santa Sede ha renovado su acuerdo secreto con China sobre los nombramientos de obispos por otros dos años, según explicaba un comunicado oficial del Vaticano la semana pasada. El acuerdo que se firmó hace dos años tenía como objetivo poner fin al nombramiento de obispos católicos sin reconocimiento papal nombrados por el gobierno comunista chino. No obstante los detalles del acuerdo siguen siendo secretos. “La Santa Sede, considerando que el comienzo de la aplicación del mencionado Acuerdo – de valor eclesial y pastoral fundamental – ha sido positivo, gracias a la buena comunicación y colaboración entre las Partes en la materia acordada, se propone continuar el diálogo abierto y constructivo para promover la vida de la Iglesia católica y el bien del pueblo chino”, señalaba el comunicado, que informa que el acuerdo se amplía hasta el 22 de octubre de 2022″.

El objetivo principal del acuerdo “es apoyar y promover la proclamación del Evangelio” en China “reconstituyendo la unidad plena y visible de la Iglesia”. La cuestión del nombramiento de los obispos y la unidad de los obispos con el Sucesor de Pedro “es de vital importancia para la vida de la Iglesia, tanto a nivel local como universal”. Precisamente este elemento “inspiró las negociaciones y sirvió de referencia en la redacción del texto del Acuerdo”, para asegurar “poco a poco, tanto la unidad de la fe y de la comunión entre los Obispos como el pleno servicio a favor de la comunidad católica en China”. Y añadía que, “por primera vez en muchos decenios, todos los obispos de China están en comunión con el obispo de Roma y, gracias a la aplicación del Acuerdo, no habrá más ordenaciones ilegítimas”.

Según las voces críticas con el acuerdo en la Iglesia china este sólo ha servido para que el gobierno chino persiga aún más a la Iglesia clandestina. El cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado vaticano e impulsor del acuerdo, ha negado estas afirmaciones: “Esperamos que la Iglesia en China pueda redescubrir, gracias a este acuerdo, su unidad y que a través de esta unidad pueda convertirse en un instrumento para difundir el Evangelio en la sociedad china y trabajar para ayudar a un desarrollo auténtico de todas las personas del país”. Aunque ha señalado que hay muchos problemas, y “nunca esperábamos que el acuerdo resolviera todos los problemas”.

La comunidad católica de China sigue divida entre la Iglesia patriótica, intervenida y controlada por el estado, y la Iglesia clandestina que se niega a aceptar el control estatal, y ha vivido durante décadas persecución y hostigamiento.

Se cree que este acuerdo y su renovación por otros dos años, además de diversas actividades culturales, como las llevadas a cabo por los Museos Vaticanos en Pekín, podrían llevar al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China, rotas hace ya 70 años.