OMPRESS-KENIA (29-03-19) El lunes 25 de marzo la hermana Adela Prieto fallecía en Nairobi, Kenia, a unas semanas de cumplir los 90 años la que ha sido una de las primeras vocaciones misioneras combonianas en España. Adela había nacido en Villablino, en la provincia de León el 21 de mayo de 1929.

Adela era maestra y ejercía como tal. Al inicio de los años sesenta conoció a las misioneras combonianas a través de la revista Mundo Negro que tenía una página especial dedicada a ellas hermanas y que se llamaba “Cordoncito rojo” (por el cordón rojo con el que llevaban al pecho la cruz).

Las misioneras combonianas habían llegado pocos años antes a la comunidad de Corella, Navarra, y trabajaban en el seminario de los misioneros Combonianos. Allí llegó Adela junto a otras dos postulantes. Tras unos meses de formación en Corella, iniciaron su formación en el noviciado en Italia, en Cesiolo, Verona. Allí se encontró con la hermana Fructuosa Ortiz, y que era la primera española que había entrado en la congregación fundada por San Daniel Comboni en 1872. Adela Prieto, era pues, la segunda española en la congregación.

Después del periodo de noviciado realizó los primeros votos el 3 de mayo de 1964 e inmediatamente fue destinada a España. Estuvo en esta provincia hasta el año 1975 que fue enviada a Londres para estudiar inglés y prepararse para ir a la misión. Su destino fue Kenia, donde llegó en el año 1976. En este primer periodo estuvo durante 10 años en varias misiones, siempre en Kenia. Regresó de nuevo a prestar un servicio a la provincia de España en el año 1987, y tras un breve paso de nuevo por Londres, en 1990, regresó a su amadísima Kenia en 1991.

Su salud se había deteriorado bastante en los últimos años a causa de la edad. Y solicitó permanecer en Kenia, sin venir a España, hasta su muerte.

Como cuentan desde las misioneras Combonianas: “Quienes la hemos conocido la recordamos como una persona muy recta pero a la vez muy acogedora y cariñosa. Al ser la segunda española que había entrado en la congregación nos consideraba a todas las que veníamos detrás un poco como ‘sus hijas’ y todas le teníamos gran respeto y aprecio. Para nosotras y para muchos de los misioneros combonianos Adela era simplemente ‘madre Adela’, en el sentido más auténtico y cariñoso”. Un comboniano ha dicho de ella que “Adela tenía un gran celo apostólico, y una identidad de consagrada muy profunda”.