OMPRESS-HONDURAS (10-12-20) A la misionera María Gloria Sáenz Blando le ha tocado vivir los dos huracanes que han arrasado zonas de Centroamérica y el Caribe. Esta misionera laica riojana cuenta cómo han vivido estas catástrofes naturales en San Pedro Sula.

“Desde hacía unos años estábamos esperando un huracán en Honduras porque las estadísticas han demostrado que una vez cada veinte años ‘toca’. El ‘Fifi’ en 1974, el ‘Mitch’ en 1998… y en 2020 ‘Eta’ e ‘Iota’ en poco más de doce días. ¡Por si teníamos poco con el covid…!

Este mes de noviembre de 2020 ha sido de emociones diversas: temor ante la llegada de los huracanes, incertidumbre ante los efectos que podría causar, preocupación por la gente que ha perdido sus casas o ha tenido que salir de ellas porque el agua iba subiendo de nivel, impotencia ante la magnitud de la devastación, frustración al no tener los medios necesarios para aliviar las necesidades de los afectados, enojo ante un Gobierno que no da respuesta a su pueblo, esperanza al ver la bondad del corazón humano en tanta gente desprendida y generosa, gozo de ver cómo se hacía vida el evangelio en quienes compartían su pan, daban posada en sus casas a los damnificados, donaban su propia ropa, proveían de medicamentos… Y es que Dios se hace presente en todo y en todos. Puedo decir que he experimentado un poco de todo en este tiempo así como el cansancio físico y emocional que iba haciendo mella a medida que pasaban los días. En algún momento llegué a decir: ‘Quisiera dormirme y al despertar alegrarme de que todo fue una pesadilla’. Lo cierto es que cada mañana al abrir mis ojos descubría que todo seguía siendo muy real.

Me ha dolido sí… En la misión te toca vivir sucesos y acontecimientos que de otra forma no sería posible. Esta vez no era una noticia en la televisión o en la prensa de algo que sucede a miles de kilómetros de distancia. Estos huracanes han afectado directamente a personas que son parte de mi familia en la misión… y eso duele. Lo positivo es que esto me enseña, me ayuda a crecer como persona, cuestiona mis actitudes… y lo que es mejor, es un medio de encontrarme con Él.

Ya puedo decir que he sobrevivido a dos huracanes, y sigo deseando amar y servir, quiero ser fiel en mi respuesta al Señor hasta el final. Si es en Honduras que Dios sigue queriendo que esté, solo me queda como María decir: ‘Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad’.

Antes de despedirme quiero compartirte algo que escribí en mi blog. Y te invito a que entres en él siempre que quieras. Puedes también compartir mis escritos con quien desees: www.vuelaysefeliz.blogspot.com. ¿Quién en el territorio hondureño no ha sido afectado por los huracanes ‘Eta’ y ‘Iota’ directa o indirectamente? Quien más, quien menos, ha sufrido la pérdida o desaparición de familiares o amigos, la pérdida de enseres personales o incluso su casa, la desolación al ver en qué quedó el fruto del arduo trabajo, la larga espera de ser rescatados, el hambre y la sed, la impotencia ante tal desastre, la frustración o la cólera por la irresponsabilidad de un gobierno que no tiene en cuenta el bien común…

‘Afectados pero no derribados’ porque si algo tiene este pueblo es que ha sido tan apaleado que tiene capacidad de sobreponerse a todos los azotes. Es impactante el testimonio de quien habiéndolo perdido todo se agarra a la fe y da gracias a Dios por seguir con vida. ‘Lo material se repone’ – dicen – ‘ahora lo que toca es trabajar’.

En medio de tanta tragedia, de las adversidades, del sufrimiento por las pérdidas humanas y materiales… siempre queda la esperanza alimentada por la fe y motivada por toda la gente de buen corazón que alivia a su prójimo paliando sus necesidades de alimento, cobijo, medicamentos, consuelo… Bendito sea Dios que se hace providente en tant@s samaritan@s que son sensibles ante el dolor y las heridas de los otros, que no pasan de largo, que responden con lo que tienen y lo que son.

‘Afectados pero no derribados’ por los huracanes ‘Eta’ y ‘IOTA’, porque Honduras es de todos, porque es tiempo de reconstruirla, porque la hermandad y la bondad del corazón se han hecho presentes y esto alienta la esperanza. Otra Honduras es posible: Una Honduras donde prevalezca el amor, la solidaridad, la paz, la justicia, el respeto a la dignidad humana… Una Honduras como todos la soñamos y deseamos. Es hora de participar todos, cada uno desde sus posibilidades… ¡Fuerza Honduras!”.