OMPRESS-ALEMANIA (9-01-19) Ezio Massimo Arrigoni, llamado Max, y su esposa Patrizia, conocida como Patty, tienen tres hijos de 8, 14 y 18 años. Viven en Alemania, a unos 60 km de Colonia, y, desde el 3 de enero de 2014, se les han unido otros tres niños de 2, 5 y 6 años, en régimen de acogida. Son una familia especial o, quizá por eso, muy normal: Max y Patty son un papá y una mamá de una Casa Familia de la Comunidad Papa Juan XXIII, fundada por Don Oreste Benzi. Colaboran con la Oficina Alemana para Menores, con reconocimiento a nivel eclesial y jurídico. Además de los tres niños de acogida, la Casa hospeda a otras personas necesitadas o que buscan ayuda, no solo niños sino también jóvenes, madres solteras, ancianos solos, etc. Se trata, por tanto, de una casa abierta a quien tenga necesidad, a quien ya no tiene casa. “Nuestra casa está abierta, estamos comprometidos a compartir la vida cotidiana las 24 horas del día. Te conviertes en hijo, primo, abuelo, tío. Es una realidad fluida y siempre abierta a continuos cambios”, cuenta Max.

Su esposa Patty define así su misión: “Somos una mamá y un papá las 24 horas del día. Siempre hay mucho que hacer, solo hay que pensar en los niños y en los hijos, además desde hace algunos meses Max también es el sacristán de la Iglesia”. “La dimensión espiritual es el fundamento al que aferrarnos”, agrega Max.

La Casa Familia es la punta de lanza de la Comunidad Juan XXIII, una realidad muy fluida, con rosario y liturgia de las horas, en la que los días se suceden entre problemas de todo tipo. Gillian, de 18 años, la hija mayor, explica: “Es una experiencia hermosa, aunque muy difícil, pero conoces a mucha gente, es un enriquecimiento”.

La alegría de acoger, ayudar y hacer el bien es mayor que cualquier esfuerzo y lleva a crear una gran familia, donde no faltan las obligaciones y las dificultades. Hay que prestar atención al riesgo de ahogarse en una vida cotidiana llena de actividades: se corre el riesgo de ser portadores y no enamorados de Dios, como decía Don Oreste Benzi. Max explica: “Para nosotros no hay diferencia entre nuestros hijos naturales y – pienso en nuestros tres niños de acogida – los regenerados en el amor, como llamaba Don Oreste a los niños bienvenidos en la Casa Familia”.

“Una gran gracia”, señala, “es la capilla de nuestra casa, el corazón de la Casa Familia. Hemos pedido tener el Santísimo Sacramento para poder hacer adoración. Somos ministros extraordinarios de la Eucaristía y devotos de la Virgen desatanudos”.

 

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