Entrevista a Guzmán Carriquiry, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina

 

 El próximo domingo 4 de marzo la Iglesia española celebra el Día de Hispanoamérica, una jornada que reconoce la especial vinculación que une nuestras comunidades con las de América Latina. En este día se recuerda especialmente a los sacerdotes diocesanos españoles, que se marcharon a la misión a estas comunidades vecinas, a través de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Guzmán Carriquiry es secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), y es el primer laico que ocupa este nivel de responsabilidad en la Santa Sede. Valora el ejemplo de los misioneros españoles, y anima a celebrar el Día de Hispanoamérica como memoria del pasado e impulso para el futuro.

 

 ¿Qué aporta la Jornada de Hispanoamérica?

Es muy importante, porque mantiene viva y custodia esa relación de comunión y cooperación entre la Iglesia de España y las Iglesias de América Latina, a través de los vínculos misioneros. Hace memoria y evoca la extraordinaria gesta misionera que dio nacimiento -en condiciones dramáticas- a los pueblos del nuevo mundo americano. Pero no simplemente es una memoria del ayer, sino que es una exigencia y una responsabilidad que se pone hoy a la Iglesia de España, y de alguna manera también a las Iglesias de América Latina, en esa conversión misionera que nos está pidiendo el Papa Francisco.

 

 El lema de este año es “Iglesias jóvenes, alegría y esperanza”. ¿Qué se quiere subrayar?

Por una parte, el lema de este día de Hispanoamérica se pone en sintonía con grandes eventos de la Iglesia universal. La juventud hace referencia al próximo Sínodo de obispos, que se va a celebrar en octubre, con el tema “Jóvenes, fe y discernimiento vocacional”. Este Sínodo va a ser continuado en enero de 2019 por la Jornada Mundial de la Juventud, que tiene como lema “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Por otra parte, el lema hace referencia también a la juventud de nuestras Iglesias, al rejuvenecimiento de nuestras comunidades cristianas. El Papa repite muy a menudo para los jóvenes -pero también para los agentes pastorales y para las comunidades cristianas- eso de “no os dejéis robar la alegría y la esperanza”. Porque no es cristiano quien no vive la alegría y la esperanza muy dentro de su corazón.

 

 En el mensaje de la Jornada, el cardenal Ouellet -presidente de la CAL-, propone como modelo de los jóvenes a los misioneros. ¿De qué forma un misionero puede ser un ejemplo para un joven?

El don de la vida de tantos misioneros españoles en América Latina, tanto hace 500 años como en la actualidad, es un testimonio extraordinario de entrega. Es un salir de uno mismo. Los misioneros lo dejan todo, incluso su terruño, su familia, y van a comunicar la buena nueva del Evangelio allí donde se sienten enviados. Ellos nos hacen recordar el testimonio del padre de la fe, Abraham. Hoy en día, es lo que el Santo Padre le está pidiendo a la juventud, no dejarse encerrar dentro del círculo de la indiferencia respecto a la propia vida y la vida de los demás, dentro del pequeño egoísmo, de la chatura. El Papa les decía a los jóvenes en la JMJ de Cracovia: no estéis recostados y tirados en el sofá, sino apuntad a grandes razones e ideales de vida. Los misioneros ad gentes son los que nos están mostrando cabalmente qué razones grandes y que ideales fuertes de vida han tenido para entregar su vida de este modo.

 

El Papa es argentino, y ha mostrado mucho interés por América Latina en sus viajes. ¿Qué problemas de allí son los que le preocupan especialmente?

El Santo Padre es un porteño muy porteño, un argentino muy argentino, un latinoamericano muy latinoamericano… pero llamado a ser pastor universal. Ha viajado por muy diversas latitudes de Asia, de África y también de América Latina. Estamos esperando que visite en el futuro también los grandes países de la Iglesia europea, y ciertamente lo hará.

El Papa viaja a América Latina para confirmar y profundizar ese don de la fe que fue comunicada por la gesta misionera de la que hablábamos. El Papa ha estado en Chile, y causa impresión pensar que en 1995 el 75% de los chilenos se confesaban católicos y actualmente es sólo el 45%. La tradición católica, que ha sido el sustrato cultural de nuestros pueblos, tiene que ser reavivada en el corazón de los latinoamericanos, para que arraigue mucho más profundamente.

Recordamos aquella invitación tan grave, tan urgida del Papa Francisco en los primeros números de la Evangelii Gaudium. Invita a los cristianos, en cualquier lugar donde se encuentren, a renovar aquí y ahora su encuentro personal con el Señor, a dejarse encontrar por Él. Es la invitación central que nos hace el Espíritu de Dios a través de la Iglesia y por boca de los Pontífices, y eso vale tanto para Europa como para América Latina, en todas las latitudes y todas las circunstancias. Estamos llamados a recomenzar desde Cristo, decía Juan Pablo II; y el Papa Benedicto XVI decía que uno no comienza a ser cristiano a través de una gran idea o por la repetición de principios morales, sino gracias el encuentro con una persona, Cristo, que abre nuevos horizontes a la vida y marca su rumbo.

El problema fundamental de América Latina es que ya no puede vivir más de rentas, del gran patrimonio católico recibido de sus pueblos, sino que todos los latinoamericanos estamos llamados a revivir esa experiencia de fe, esperanza y caridad en la propia vida.