Los misioneros españoles nos están haciendo llegar estos días, desde todos los rincones del mundo, sus sentimientos de gratitud y cariño a Anastasio Gil, director de OMP España, fallecido en Madrid el 7 de septiembre.

 

Ante la imposibilidad de publicarlos todos, hemos seleccionado en representación de los 12.000 misioneros españoles, este de Antonio López García-Nieto, misionero en Vanuatu.

“Desde estas islas lejanas, me uno a la familia, amigos, colaboradores y a todo el equipo de Obras Misionales Pontificias España en estos momentos dolorosos.

Anastasio ha sido una persona a la que me he sentido muy unido como misionero pues desde que tomó las riendas de las Obras Misionales Pontificias de España ha hecho muchísimo por las misiones. Todos los misioneros nos hemos sentido muy queridos y muy apoyados. Anastasio ha sido para nosotros un ángel guardián como no lo habíamos tenido nunca. Si Santa Teresa del Niño Jesús es patrona de las misiones sin haber salido de su convento de clausura, bien podemos decir que Anastasio ha sido el gran MISIONERO, con mayúsculas, porque sin haber sido él misionero, propiamente dicho, ha estado presente en cada uno de los 12.000 misioneros españoles que andamos por el mundo anunciando el Evangelio. Si yo soy un misionero en Vanuatu, Anastasio ha sido, él solo, 12.000 misioneros juntos en casi todos los países del mundo. No me cabe la menor duda de que ahora ya, muy cerca del Corazón del Padre  ̶ porque seguro que le tenía reservada una plaza muy a la derecha de su Corazón de Amor ̶  va a seguir ejerciendo su labor misionera apoyándonos con su intercesión.

Tras la muerte de Anastasio, después de la enfermedad que se le declaró el año pasado, los ojos se nos llenan de lágrimas por el dolor de la separación, pero nuestro corazón se llena de alegría porque sabemos que ya está gozando de la eterna felicidad reservada al servidor fiel y solícito que entregó su vida por Jesús, por el Evangelio y por los demás. Si lo que queremos para una persona que amamos es que sea feliz, ¿Qué más podemos desear, sino que Anastasio haya alcanzado ya la felicidad eterna? Por eso, aunque la separación nos es dolorosa, su muerte no nos deja tristes porque es el triunfo de la resurrección.

Anastasio ha sido una vida colmada. Ha entrado en el cielo con las manos llenas de los nombres de todas las personas a las que con tanto amor ha servido. Y, además, ha fallecido “en acto de servicio” pues hasta el último momento ha estado al pie del cañón. ¡Admirable! Se ha merecido el descanso eterno.

Esta es mi fe y mi esperanza que quiero compartir con vosotros. Un fuerte abrazo.”

Antonio López García-Nieto, hermano del Sagrado Corazón,
misionero en Vanuatu

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