OMPRESS-ANGOLA (25-03-19) De 1975 a 2002 la guerra asoló Angola. Muchos misioneros fueron expulsados por la violencia de las armas, entre ellos, las hermanas de la Compañía de Santa Teresa, que realizaban una incomparable labor en la misión de Jinga, diócesis de Benguela. Sin embargo, la tristeza de aquella partida se ha vuelto alegría este pasado viernes, cuando un grupo de hermanas teresianas volvía a abrir la casa de esta comunidad religiosa en la misión. El acto se celebró con una Misa presidida por el vicario episcopal para el Clero en Benguela, el padre Martín Kavaya. Desde la salida de las hermanas han pasado 40 años.

La misión de Jinga, en el municipio angoleño de Bocoio, fue fundada por los misioneros del Espíritu Santo, que también la tuvieron que abandonar a causa de la guerra, pero que reabrieron la comunidad a finales de la década del 2000. Actualmente, la Misión está bajo el cuidado pastoral de la diócesis de Benguela, teniendo como superior y párroco al padre Venâncio Javela.

Las religiosas de la Compañía de Santa Teresa llegaron a Jinga en 1950 y comenzaron trabajando en la formación de las niñas de la misión y sus alrededores. Se ocuparon después de los enfermos en sus casas y con la atención del dispensario donde diariamente atendían a todos los que acudían. Atendían una leprosería, con internos y con leprosos que recibían el tratamiento en sus hogares, además de un centro de atención a enfermos de tuberculosis.