OMPRESS-GUINEA (8-10-20) El testimonio de vida y el compromiso misionero de Clarice Sagno, una catequista de Guinea Conakry, ilustra la importancia de los catequistas en las jóvenes iglesias de África y por qué el Domund les apoya económicamente todos los años. Clarice Sagno vive en Mohomou, un barrio de la ciudad de N’Zérékoré, la ciudad más importante de sur del país y la capital de lo que se conoce como la “Guinea forestal”, por ser una región cubierta de bosques. En Mohomou, Clarice es una de las columnas de la parroquia de San Juan María Vianney, sin ella – como ocurre en tantos lugares de África – y sin los catequistas y su implicación en el día a día de la misión, sería muy difícil mantener la parroquia y los servicios que presta a la comunidad. En San Juan María Vianney dedica todos sus desvelos al sector infantil y juvenil en la parroquia.

“Cuando me bauticé en 1985 en Kindia”, cuenta Clarice a las Obras Misionales Pontificias de Suiza, “me convertí en miembro de la Iglesia y he trabajado en varias parroquias de las tres diócesis de Guinea. En mi parroquia me ocupo principalmente del área de infancia y juventud: cuidado, animación y educación de los niños. Muy a menudo, desgraciadamente, se les olvida y se les deja a su suerte. Hoy vivo con mi esposo junto a la parroquia de San Juan María Vianney. Además de mi compromiso con los niños, también soy sacristana, una responsabilidad que he asumido con alegría y con la ayuda de Dios por el bien de esta joven parroquia. Para mí, la vida de cada individuo solo tiene sentido si lleva el bien a los demás. Para ser útil, me involucro activamente cuando surge una necesidad y no espero a que alguien me lo pida. Para mí es importante que mi compromiso beneficie a todos y que el trabajo se haga con seriedad. Cuando defiendo a los niños, es importante para mí que aprendan a amarse unos a otros y a ver la belleza de la vida.

Hay un proverbio kpèlè – una de las etnias mayoritarias de Guinea: ‘Mokpân hvo ma, guèkpân bhe ma’, que significa ‘lo que cuenta no es lo que hablas, sino lo que haces’. Este proverbio guía mi vida y mi servicio en la Iglesia. Para mí, la mejor manera de hacer llegar la buena nueva a la gente es vivir dicha buena nueva ejemplarmente. Lo hago participando activamente en la Iglesia y cuidando a los niños sin esperar nada a cambio”.

La diócesis de N’Zérékoré apenas cuenta con 30 sacerdotes que no llegan a todas las comunidades cristianas de la diócesis pero los catequistas como Clarice son nada menos que 92. Para ellos, para los catequistas de N’Zérékoré, la Obra de la Propagación enviaba este pasado curso 14.000 euros, que han cubierto sus gastos, su formación y también los problemas que han tenido que afrontar con motivo de la pandemia.