OMPRESS-BOLIVIA (27-05-20) Fallece en Bolivia, a los 99 años, la misionera asturiana Araceli Revuelta, Misionera Dominica del Rosario, tras una vida misionera que comenzó con su profesión religiosa y tuvo como escenario América latina. Su primer destino no fue Bolivia, sino Chile, después vendría Perú, donde emitiría sus votos perpetuos como religiosa; y Bolivia, a la que ha dedicado la mitad de su vida. Allí ha brindado consuelo a enfermos; recorrido cientos de kilómetros y ayudado a nacer a muchos. Esta hermana ha ayudado a traer al mundo a más de mil niños, en situaciones difíciles y sin medios, pero nunca perdió ni a un bebé ni a una madre.

Araceli nació en 1921, en Pravia, en una familia de cinco hermanos. Su padre fue asesinado en la Guerra Civil por ser católico y es que en su familia se vivía la fe de verdad. En 1951 entró en la Congregación de las Misioneras Dominicas del Rosario. Como formación estudió educación infantil y enfermería. Fue en 1955 cuando partió con destino a Perú, para pasar al Colegio Virgen de Guadalupe de Ayquina en Calama, al norte de Chile. En 1958 se traslada a Lima-Perú, para preparar sus votos perpetuos. Dese allí partiría hacia su querida Bolivia, a La Paz, a la Capilla de Santa Rosa en La Florida. Después sería enviada a El Alto, a la Parroquia Santa María de Los Ángeles. También pasaría por Santa Ana del Yacuma-Beni y, luego, por Sorata, en el departamento de La Paz. En Sorata permaneció 25 años principalmente en el área rural, donde fundó un consultorio para la atención de las familias de la Cooperativa de Ahorro, Crédito y Salud. En Sorata trabajó como Jefa de Enfermeras y logró formar un dispensario. Éste consultorio y farmacia, posteriormente serían la piedra fundamental para la construcción del Hospital de Segundo Nivel de Sorata “Túpac Katari”. Su siguiente destino sería Palca-La Paz. En la época del cólera se trasladó a la frontera con el Perú, para volver al Servicio Departamental de Salud de La Paz. El 2003, el padre Ignacio Harding, le pidió que se hiciera cargo del Centro de Salud de San Antonio de Padua, que tienen los Franciscanos detrás de la Iglesia de San Francisco en la ciudad de La Paz. Ha recibido distintos reconocimientos y homenajes, sobre todo en su tierra natal asturiana.

Entre las anécdotas que solía contar está la de la petición que le hizo a un paciente moribundo. Le pidió, cuando fuera al cielo, que le dijera a San José que le mandara aspirinas, porque no tenía ni una que darles a los enfermos. El enfermo le dijo que así lo haría. Una mañana la hija de aquel enfermo le comunicó el fallecimiento de su padre. A las pocas horas llegó un camión enviado por unos sacerdotes norteamericanos. Según le contaron al limpiar un almacén habían encontrado una caja con 60.000 aspirinas. En las cajas estaba escrito en inglés “Laboratorio San José”, y en cada aspirina se podía leer “San José”, “San José”, “San José”. “Increíble”, decía ella.