OMPRESS-ANGOLA (10-10-19) El próximo domingo 20 de octubre se celebrará el día de las misiones, el día del DOMUND, una oportunidad para colaborar en la labor que lleva adelante la Iglesia misionera en tantos territorios de misión. Uno de ellos – de entre los 1.111 que ayuda el DOMUND – es la diócesis de Lwena en la parte oriental de Angola, con una extensión equivalente a Italia y unos 100.000 católicos entre el medio millón de habitantes. Al frente de la diócesis está un obispo compatriota del Papa Francisco, el misionero argentino Jesús Tirso Blanco.

Uno de los grandes problemas de la diócesis de Lwena, dada su extensión, son los desplazamientos. No existe transporte público y, en muchos casos, ni siquiera hay una carretera que una dos lugares. Hay parroquias que llegan a los 40.000 km2. Con ayudas que enviaron este año las Obras Misionales Pontificias, gracias a la generosidad de tantos fieles con el DOMUND, por ejemplo, se pudieron hacer las obras de una casa para las Hermanas de Santa Dorotea en el Alto Zambeze, que está nada menos que a 800 kilómetros de Lwena, la sede de la diócesis.

Para afrontar el problema del desplazamiento, Mons. Tirso solicitó un proyecto con el hermoso nombre de “200 bicicletas para el Evangelio”. Las Obras Misionales Pontificias le enviaron 14.250 dólares del DOMUND. Y es que, tras la guerra civil que asoló el país, las parroquias y las capillas de las pequeñas comunidades quedaron destrozadas, pero todo eso con el esfuerzo de los misioneros y de los catequistas ha cambiado. Las antiguas parroquias y comunidades se han reactivado y hay muchas nuevas y son ellos, los catequistas los que presiden las celebraciones, los retiros, la catequesis… desplazándose trayectos de 20 ó 30 kilómetros. Gracias a su labor y a que por fin hay párrocos residentes – también hay vocaciones nativas – se ha pasado de 9 a 22 parroquias y son centenares las nuevas comunidades.

Cada año, las Obras Misionales Pontificias hacen llegar a Lwena 36.000 dólares para los “gastos fijos”, es decir, lo más urgente, para comida y vestido, y también para los gastos que afrontan los numerosos catequistas, otros 17.000 dólares, y también se apoyan la reconstrucción de iglesias y la puesta en pie de nuevas misiones. Se sostiene el seminario de San José, con 50 seminaristas y se respaldan proyectos de ayuda a la infancia, incluso se ayudó a Radio Ecclesia, verdadero nexo de comunicación entre las comunidades cristianas. Todo ello no es sino la cercanía de la Iglesia universal a una Iglesia naciente que se va poco a poco consolidando y llevando el anuncio del Evangelio a los lugares más recónditos. Ahora el pedaleo de las “bicicletas para el Evangelio” hará que este anuncio menos fatigoso.