La tierra a la que huyó Jesús de niño sigue siendo un lugar de refugio para muchas familias y niños que llegan a Egipto escapando del hambre y del sufrimiento. Vienen de lugares como Sudán -donde se libra una difícil guerra- o Eritrea -donde gobierna un dictador que no deja libertad a su pueblo-.

La huida es difícil

Para llegar a Egipto, estas familias han de atravesar las montañas y el desierto. Algunos caminan durante días, otros viajan en viejos autobuses, pero para todos es una travesía muy difícil. Pasan hambre, sed y muchas incomodidades.

Llegan con sus mamás

Los niños llegan a Egipto acompañados de sus mamás o de sus tías. Los padres suelen estar enredados en la guerra o se quedan trabajando en sus países para pagar el viaje de su mujer e hijos.

En busca de un futuro

Quien llega a Egipto sabe que allí la situación es muy precaria y más para quien viene de fuera. A los refugiados les cuesta acceder a trabajos o a las escuelas del país ya que no hablan la lengua y muchas veces son discriminados por tener un color de piel más oscuro. Por eso muchas familias piden “asilo” a otros países, es decir, solicitan de manera oficial que se les permita refugiarse en lugares seguros como: Australia, Canadá, Europa…

Dos de estos niños que han huído a Egipto se llaman Sukri y Gnok:

SUKRI viajó a Egipto con su mamá y sus seis hermanos. Allí sufrió un accidente que le hizo perder su brazo derecho. Como en los hospitales egipcios no lograban calmarle el fuerte dolor, las misioneras le llevaron al hospital de beneficencia. Sukri no quería marcharse de allí. ¡Nunca en su vida se había sentido tan querido y cuidado!

Hoy es un niño feliz y ha aprendido a escribir con la otra mano. Él y su familia esperan una llamada de los organismos oficiales que les permita emigrar a Europa. Como dice Alice, su mamá: “Solo espero que Dios me permita llevar a Sukri a Europa, porque aquí o en Sudán, un niño con un brazo solo, no tiene ningún futuro”.

GNOK es un joven sudanés que nació con los pies hacia atrás. Aunque en su país, de pequeño, le operaron dos veces, los pies volvieron a girarse hacia dentro. Pero Gnok llegó hasta Egipto con sus cuatro hermanos. Estudiaba en el colegio de las misioneras y ¡hasta jugaba al fútbol! A veces sentía que le miraban como a un bicho raro, especialmente cuando tenía que comprar zapatos. Por eso las misioneras le animaron a operarse de nuevo. Sus pies se corrigieron y ahora está a punto de entrar en la universidad.

Los misioneros les cuidan

En El Cairo -la capital de Egipto- los misioneros combonianos cuentan con tres colegios donde estudian 2.000 niños refugiados. Las misioneras les ayudan y también a sus familias pues muchas no pueden pagar el alquiler o encontrar trabajo. Además les procuran el acceso a la salud en un hospital italiano de beneficencia ya que muchos niños sufren anemia o problemas en los huesos y también necesitan todo tipo de operaciones y cuidados médicos.

Expedita y sus hermanas están allí para acompañar a estas familias que llegan a Egipto muy necesitadas. “Ellos saben que todo lo que somos y hacemos de bien es por Jesús y en Su nombre”, dice la hermana.

Expedita, que conoce bien la realidad de los niños que han tenido que migrar y viven refugiados en un país distinto al suyo nos dejó unos mensajes para vosotros, los pequeños misioneros de España:

  1. “Vosotros tenéis la suerte de haber nacido en una realidad bonita, serena y de paz; en un lugar donde no os falta de nada. No os olvidéis de dar gracias a Dios por todos esos dones, y agradeced todo lo que recibís a vuestros padres, a los amigos, a los maestros y a todas las personas que os ayudan cada día gratuitamente”.
  2. Los que seguimos a Jesús hemos de tener un lugar especial en nuestro corazón para los más pobres y necesitados. Acordaos siempre de rezar por los niños a quienes no les ha tocado nacer en una realidad tan bonita como la vuestra. Y colocad una hucha en casa donde echar lo que no es tan necesario para vosotros y compartirlo con los niños”.
  3. Cuando tengáis que tomar decisiones elegid lo necesario pensando en quien no tiene lo necesario para vivir. Preguntadle a Jesús, qué es lo que quiere que hagáis en vuestra vida para mejorar nuestro mundo y para mejorar la vida de esos niños y niñas.”
  4. “Y, por favor, cuando veáis llegar a vuestros pueblos, a vuestras parroquias o a vuestras clases a algún migrante o refugiado, no les miréis como a un problema. Miradle como a un hermano que necesita ser acogido, que necesita ser querido y que necesita ser ayudado; sin olvidar cuáles son las razones que les han obligado a salir de su tierra, ¡que a nadie le gusta dejar su tierra!

Si quieres ver el reportaje completo que publicamos en la revista Gesto, puedes descargarlo aquí.