OMPRESS-ITALIA (21-10-19) El sábado era beatificado en la ciudad de Crema, Italia, el misionero mártir Alfredo Cremonesi, miembro del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME). Asesinado en Birmania en 1953. La ceremonia fue presidida por el cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en la catedral de Santa Maria Assunta en Crema.

Nacido en Ripalta Guerina, en la provincia de Cremona y diócesis de Crema, en 1902. Ingresó al seminario diocesano, pero en sus años de secundaria cayó gravemente enfermo de una terrible enfermedad linfática en la sangre. Una vez curado, seguro de que la patrona de las misiones, Santa Teresa del Niño Jesús había intercedido por él, entró en el Seminario para las Misiones Extranjeras de Milán en 1922. En 1925 ya era misionero en Birmania, la actual Myanmar. En la zona montañosa de Donoku vivió cerca del pueblo todos los dolorosos acontecimientos que sufrió el país, incluida la ocupación japonesa y la guerra. Sufrió hambre, soledad, desesperación… la misma que sufría el pueblo birmano en aquellos años, pero, como escribió en una carta: “estoy vivo. Es esta una gran gracia, tras haber afrontado la muerte casi cada día. El Señor me ha protegido visiblemente”.

El 7 de febrero de 1953, las tropas del gobierno llegaron a Donoku, en medio de los enfrentamientos con los rebeldes. Acusaron al padre Alfredo y a los habitantes de la aldea de favorecer a estos últimos. El misionero intentó defender la inocencia de su gente, con la que tanto había vivido, pero recibió un disparo mortal, con fuego de ametralladora. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la misión. El Papa lo recordaba ayer en el ángelus: “que su ejemplo nos empuje a ser operadores de fraternidad y misioneros valientes en cualquier ambiente; su intercesión sostenga a cuantos se fatigan hoy por sembrar el Evangelio en el mundo. ¡Demos todos juntos un aplauso al beato Alfredo!”.