OMPRESS-CUBA (11-04-19) Desde la delegación de misiones de Ciudad Real comparten la carta de Luis Miguel Avilés, sacerdote del Instituto Español de Misiones Extranjeras, llegado a Cuba en los últimos meses:

“Perdonad que no escriba ahora mucho, pero mi situación ha cambiado respecto de cómo me encontraba en Cienfuegos. De momento, no tengo número cubano y por lo tanto no tengo acceso a muchas cosas. Seguramente tampoco tendré de momento acceso a un carro y mi vida es ‘guaguas’ y transporte como pueda, incluso para ir a celebrar a mis comunidades. Eso me lleva mucho tiempo y lo resta de otras atenciones.

Acabo de llegar de celebrar misa en un pueblo a unos seis km de Rodas. El pueblo se llama Congojas. La comunidad es muy pequeña y muy débil. He alquilado lo que en Villafranca llamaban ‘isocarro’ o lo que es lo mismo un triciclo de motor, es lo más moderno que tengo por aquí. Ha sido la primera misa tras el nombramiento. Esta mañana celebré en otro pueblo que se llama Cartagena y aquí en Rodas. A Cartagena fui en un ‘Bruich eight’, un coche americano de 1958. Como veis estoy supermodernizado. Aquí todo lo bueno es de esa época que la gente conserva como puede.

Ayer estuve en las comunidades más alejadas que tengo. Las llaman comunidades del campo. Desde Rodas fuimos hasta la carretera o ‘autopista’ que va desde La Habana a Santiago de Cuba a la que atravesamos. Fuimos, pues íbamos un grupo de siete personas, en un ‘Chevrolet’ de la misma edad que el que hoy me ha llevado a Cartagena. Nos dejó en la carretera y desde allí tomamos un ‘chiburiqui’ (creo que es así como le llaman) o camioncillo que nos llevó por caminos de tierra hasta la Lajita, pasando por Lequeitio, Santiago de Cartagena y Maleza. Aquí también tengo comunidades. En estos meses estos caminos de tierra nos cubren todo de polvo pues el chiburiqui es un camioncillo que solo le cubre una lona. El camión se portó y llegamos bien, recogiendo a toda la gente que iba andando por el camino.

En estos lugares y en Lajita más, en lo más extremo de ‘mi territorio’ la gente se desplaza a caballo. Todo como en las películas del oeste. El único vehículo que pisa los caminos aquellos es el chiburiqui o también la carreta tirada por caballo, e incluso bueyes. En época de lluvias los caminos se hacen intransitables y se suspenden las visitas a las comunidades de campo.

La comunidad me estaba esperando con el catequista a la cabeza, Frank. Este es un señor al que todo el mundo aprecia. Es un verdadero misionero vocacionado, casado y con una hija. Frank se visita toda la comunidad, da catequesis y celebra la Palabra con ellos. Después del encuentro y palabras de bienvenida de la comunidad, les expresé mi intención de visitarles y dedicarme a ellos también. Alguien salió y me dirigió una décima poética que son muy populares por aquí, una poesía que apunté. Aquel Señor con su sombrero vaquero fue recitando:

“Bienvenido sacerdote – a nuestra congregación – donde tiene la oración – una altura de mogote, – aquí los recibe un brote – de cristiandad infinita. – Este barrio de Lajita – con ud encuentra la calma – porque llevan en el alma –a Jesucristo y a Cachita (denominación popular de la virgen de la Caridad del Cobre).

Tras el protocolo fui con Frank, dos personas de la comunidad y una religiosa a visitar a los enfermos y personas mayores. De esta manera fui conociendo el batey (aldea) y a las gentes que no habían estado en la acogida. Pude dar una Unción de enfermos y visité a las personas que se encuentran solas viviendo en unas casas realmente pobres, muchas de ellas con tejado de guano o de palmera, pero en una de las casas la visión de dos hombres, hermanos mayores viviendo en una pocilga, la desolación fue extrema. Me preguntaba si se podía vivir con mayor miseria y abandono, o con mayor pobreza. La visión fue una llamada muy grande a mi corazón. (…)

En cuanto a mí, estoy bien. Algunos pequeños síntomas de asma han aparecido, de manera suave. Por aquí hay mucho médico. La verdad es que el nivel de universitarios en las comunidades es altísimo. Hay muchos médicos. Tengo también una gran suerte de tener una comunidad de religiosas de la Congregatio Iesu. Aunque no vivimos cerca, tampoco llega a haber una distancia grande. Ellas ya han tenido muchas atenciones conmigo”.