OMPRESS-MADRID (10-05-18) Con ocasión de la Jornada del Misionero Diocesano que se celebrará este domingo en Madrid, el cardenal Carlos Osoro mandaba una carta a los más de 600 misioneros madrileños en todo el mundo. También ha querido, con una carta pastoral, que todos los fieles de la diócesis se unan a los misioneros en este día especial, en la que reconoce que cada uno de ellos es un don:

“Cuando se acerca el día de la Ascensión del Señor, recordamos que ese día en el que Cristo se despide de los que han sido sus compañeros, sus amigos, sus confidentes, es sin duda para Él un momento de nostalgia y para los apóstoles fue un momento duro, en el que quizá se preguntaron cómo afrontar la vida sin su Señor.

Al vivir el Evangelio, siguiendo a Cristo, a su Maestro, habían encontrado una alegría y una paz que los mantendrían y ayudarían a vivir las dificultades y contrariedades de la vida. El Señor hizo de ellos discípulos y los invitó a seguirle, desde sus limitaciones pero también con ánimo y generosidad, renunciando a todo los que les ataba en esta vida. Le siguieron y se convirtieron en testigos valientes de Él.

Desde del día de la Ascensión, los apóstoles llevaron el mensaje de su Maestro hasta los confines de la tierra y predicaron incansablemente, a tiempo y a destiempo, con su palabra y con su vida, la buena noticia del amor de Dios por la humanidad. Fueron constituidos misioneros, portadores de la paz y de la misericordia del Señor.

Hoy, los misioneros son esos apóstoles que escucharon la invitación de Jesús a seguirle y, siguiéndole, descubren que vale la pena dedicar la vida entera a llevar la luz de la fe a todos los hombres, de cualquier raza, color, cultura, condición. Los misioneros, como aquellos primeros, han puesto la vida entera en manos del Señor que los está conduciendo por situaciones y condiciones que nunca hubieran podido esperar.

El día de la Ascensión del Señor es, en Madrid, el día en el que recordamos de modo particular a nuestros misioneros, a los que han partido de nuestra diócesis. Son más de 600 repartidos por todo el mundo. Cada uno de ellos es un don con el que el Señor ha querido bendecir a los hombres a los que han sido enviados, pero también lo es para nosotros, que nos admiramos y nos alegramos de su trabajo generoso y, muchas veces, complicado. Cada uno de ellos es un milagro de la gracia; contando con sus limitaciones y pobrezas, son verdaderos instrumentos de la paz y del amor de Cristo.

Este año se nos propone este lema Sigue su huella. Seguir la huella del Señor que nos llama a avanzar por donde El avanza. Pero también se nos invita a seguir la huella de los misioneros que le siguen ya y andan por delante de su gente indicando el camino para llegar a Dios.

En esta jornada sentid todos los madrileños la urgencia de rezar por ellos y por su misión. Dad gracias a Dios por su vida y por su trabajo. Ayudemos a nuestros misioneros con su tarea apostólica, con nuestra oración, pero también con nuestra aportación económica.

¡Cuánto me gustaría que los jóvenes madrileños contemplaseis con ilusión la vida de estos hombres y mujeres que van por delante y, con la ayuda de la Iglesia y de la oración, descubrieseis vuestra vocación al apostolado y a la evangelización de nuestra diócesis! Pero al mismo tiempo, pensad que Dios sigue necesitando de hombres, de mujeres que, dejándolo todo, salgan de nuestra tierra para llevar a los confines de esta tierra, a las periferias de nuestro mundo, la luz y la alegría de la fe. Ved esta invitación como una vocación a la misión que viene de Dios.

Ponemos esta jornada de Madrid con sus misioneros en manos de la Virgen, nuestra Señora, bajo la advocación de la Almudena, Ella es la Reina de las misiones y de los misioneros. Cuida, Virgen María, a aquellos que dejándolo todo han decidido convertirse en el mundo en dadores y continuadores de la labor más grande, como es llevar a los hombres el mensaje de su Hijo Jesucristo”.