OMPRESS-BRASIL (23-09-19) Ruggero Ruvoletto, 52 años, sacerdote misionero italiano, fue asesinado hacia las 7 de la mañana del sábado 19 de septiembre de 2009, en su parroquia dedicada al Sagrado Corazón de María, barrio Santa Etelvina, un suburbio de la capital amazónica de Manaos, Brasil. Don Ruggero fue asesinado en su habitación dentro de la rectoría, por denunciar el narcotráfico y la falta de seguridad pública. Hoy, el lugar de su martirio se ha convertido en una capilla.

“Para honrarlo – explica una declaración de la archidiócesis de Manaos –, la comunidad organiza cada año la Caminata por la Paz. El tema de la edición de 2019 es: Cuando se derrama la sangre de un inocente, Dios llora”. La caminata fue este sábado y el Sínodo de la Amazonia estuvo muy presente así como temas como la misión y la vocación, evangelización, vida y paz.

La memoria del padre Ruggero está siempre viva, incluso en su diócesis de origen, Padua. Como reconocen en la diócesis el ejemplo de entrega de este misionero ha inspirado a otro y hoy hay una nutrida presencia de misioneros de Padua en Brasil. Como cuenta el obispo emérito de Padua, Mons. Antonio Mattiazzo: “No creo que el martirio estuviera entre sus ideas cuando partió a la misión… pero  su sangre se ha convertido en humus de una nueva misión”.

Don Ruggero Ruvoletto nació en Galta di Vigonovo el 23 de marzo de 1957, en la provincia de Venecia, diócesis de Padua. Fue ordenado sacerdote en 1982. Después de estudiar eclesiología en Roma, regresó a la diócesis en agosto de 1994, donde trabajó durante un año en el ministerio social y el trabajo, luego fue nombrado Director del Centro Misionero Diocesano, cargo que ocupó de 1995 a 2003. El padre Ruggero decidió ofrecerse para la misión en Brasil en julio de 2003, como misionero Fidei Donum en Mangaratiba, en la diócesis de Itaguai. Al año siguiente participó en un proyecto de presencia misionera en las afueras de Manaos, buscado por las diócesis locales. Un lugar fronterizo entre la ciudad y el bosque donde el crimen es particularmente agresivo.

A través de las Misiones Continentales y del proyecto “Cristo presente en la Amazonía” y en respuesta a la Conferencia de Aparecida, en enero de 2008 aceptó la invitación para ser enviado a Manaos como sacerdote a cargo del Área Misionera del Inmaculado Corazón de María, junto con el diácono Luiz Benevaldo.

Su presencia en el área misionera fue breve, pero muy importante para todas las personas que tuvieron la oportunidad de colaborar con él y compartir sus experiencias. Su carisma, su sonrisa contagiosa y su presencia en las casas, siempre cerca de las familias con una mirada afectuosa hacia los más necesitados, animaron en muchas personas la alegría de servir con gratitud y de llevar el Evangelio a todos. Estaba muy presente en las comunidades de la calle y no se negaba a ir a dondequiera que lo llamaran.

Como recuerda Mons. Mattiazzo: Queda su ejemplo luminoso de un sacerdote al que estimaba muchísimo, que ha dado su vida por el Evangelio, los pobres y los oprimidos”.