OMPRESS-ROMA (15-10-18) Ayer tenía lugar en Roma la Canonización de siete grandes figuras de la Iglesia que, como dijo el Papa Francisco en la homilía, supieron vivir su vocación no a medias, sino hasta la santidad. Son el Papa Pablo VI, el obispo mártir de El Salvador, Mons. Óscar Romero, el fundador Francisco Spinelli, el sacerdote de Nápoles Vicente Romano, la fundadora y misionera María Catalina Kasper, la misionera en Bolivia Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús y el joven italiano Nunzio Sulprizio.

El Papa Francisco en su homilía, que basó en el encuentro de Jesús con el joven rico, recordaba que “Jesús es radical. Él lo da todo y lo pide todo: da un amor total y pide un corazón indiviso”. Por eso pide que abracemos su camino, el camino que han recorrido los santos.

“Pablo VI lo hizo, siguiendo el ejemplo del Apóstol del que tomó su nombre. Al igual que él, gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres. Pablo VI, aun en medio de dificultades e incomprensiones, testimonió de una manera apasionada la belleza y la alegría de seguir totalmente a Jesús. También hoy nos exhorta, junto con el Concilio del que fue sabio timonel, a vivir nuestra vocación común: la vocación universal a la santidad. No a medias, sino a la santidad. Es hermoso que junto a él y a los demás santos y santas de hoy, se encuentre Monseñor Romero, quien dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos. Lo mismo puede decirse de Francisco Spinelli, de Vicente Romano, de María Catalina Kasper, de Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús y también del gran muchacho abrucense-napolitano, Nuncio Sulprizio: el joven santo, valiente, humilde, que supo encontrar a Jesús en el sufrimiento, el silencio y en la entrega de sí mismo. Todos estos santos, en diferentes contextos, han traducido con la vida la palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculos, con el ardor de arriesgarse y de dejar. Hermanos y hermanas, que el Señor nos ayude a imitar sus ejemplos”.

 

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