OMPRESS-VALLADOLID (03-10-19) El cardenal Ricardo Bláquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española ha escrito una carta con motivo del Mes Misionero Extraordinario. Este mes es, dice el cardenal, “una oportunidad para asumir con vigor renovado la dimensión misionera de nuestra vida cristiana. Somos ‘Iglesia en salida’, es decir enviados para anunciar con obras y palabras el Evangelio”. Anima por ello a todos los fieles a sumarse a las actividades y celebraciones de estos días, en los que la misión estará muy presente.

El cardenal aclara en su carta que “la evangelización no debe nunca caer en proselitismo, ni forzar por ningún motivo la libertad de la persona ni para que le sea impuesta la fe ni le sea impedida su manifestación. Creer es un regalo de Dios, no un privilegio social. Respetar la libertad religiosa no significa silenciar el Evangelio ni ocultar la salvación que el Señor nos promete. Anunciamos con gratitud a Jesucristo el Salvador del mundo. Respetar la libertad religiosa no significa recluir a la intimidad personal la fe y sus expresiones. Los valores religiosos personales y sociales forman parte del bien común de la sociedad”.

De ahí que, continúa el arzobispo de Valladolid, “los cristianos debemos evangelizar porque creemos que Jesús es el Hijo de Dios encarnado y el Salvador de todos los hombres; por esto, deseamos que todos sean salvados por medio del Señor Jesucristo. La salvación no equivale al progreso económico y social. Los cristianos queremos anunciar al Salvador de todo el hombre (cuerpo y alma) y de todos los hombres”.

Y es que “todo cristiano, todo bautizado, es por naturaleza misionero. Misioneros no son únicamente quienes marcharon a países distantes, antes nos parecían exóticos, como unos héroes. Unos cristianos son misioneros en su familia, en su parroquia, en su ambiente de vida; y otros son enviados a pueblos distantes, como el Concilio Vaticano dice, ad gentes”.

Es un indicador de la llamada dirigida por Dios a que todo bautizado sea apóstol, concluye, “el hecho de que patronos de las misiones son un misionero San Francisco Javier y una monja carmelita Santa Teresa del Niño Jesús. La fe es por su misma naturaleza apostólica, ya que se profesa y se encarna en la vida. La oración es en sí misma misionera, ya que es un diálogo que no se cierra en la relación entre Dios y el orante, sino que se abre a las dimensiones del mundo haciendo memoria de los hombres ante Dios e intercediendo por todos ante Él”.